miércoles, 16 de mayo de 2012

LA GRAN REVOLUCION CULTURAL PROLETARIA CHINA

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Primera Quincena de Octubre de 1966 (*)

LA GRAN REVOLUCION CULTURAL PROLETARIA CHINA
UNA REVOLUCION QUE LLEGA AL ALMA MISMA DE LA GENTE
La Guardia Roja, símbolo de la Nueva China.

Según la doctrina marxista-leninista, las manifestaciones del arte, la literatura y la cultura, constituyen parte de la superestructura de sociedades sean éstas capitalistas o socialistas. Las clases reaccionarias se sirven del arte y todas las manifestaciones de la cultura para imponer sus puntos de vista. Utilizan la pintura, la escultura, la literatura, el cine, etc.etc. , con objeto de enaltecer las “virtudes” de la burguesía, su “bondad”, su “respeto por la personalidad y dignidad humanas”, su “amor” por la libertad individual y su “devoción” por los derechos humanos. Mediante las diversas manifestaciones del arte y la cultura, pretenden hace creer que defienden los valores “eternos” de la verdad, la justicia y la libertad.

Nosotros los marxistas-leninistas sabemos bien que sus valores culturales, morales y estéticos, son valores que corresponden a toda cultura decadente y anacrónica. Sus “valores” eternos no existen, simplemente existe el empeño de impedir el hundimiento de una sociedad vieja. La dictadura de la burguesía se expresa también en todas las manifestaciones super-estructurales de la cultura y el arte proletario que existe ya en el seno de la burguesía como una expresión de las clases sociales emergentes, es perseguido, reprimido y suprimido por todos los medios. El escritor comunista que denuncia la explotación capitalista sufre incontables represiones y sabemos de muchos que tuvieron que traicionar al socialismo y escribir contra el “terror” comunista para volver a recibir los favores de la burguesía. Iguales problemas se presentan en el campo de la pintura y otras expresiones del arte. La  lucha de clases, aunque sutil, domina estos ámbitos que en concepto de reaccionarios y revisionistas, nada tiene que ver con la “política”.

En los tiempos del pasado reciente, cuando el socialismo avanzaba tomando el poder en muchos países de Asia y Europa y cuando la dictadura del proletariado se instauraba de conformidad con las leyes expuestas por Karl Marx y Fredrick Engels, era natural que la lucha de clase se expresara también en esas sociedades fundamentalmente en el campo de la cultura, la literatura y el arte. La dictadura del proletariado significaba la dominación de la clase obrera sobre los remanentes de la burguesía en los campos político, económico e ideológico. La obligación del proletariado consistía en convertir sus propios valores en valores de toda la sociedad, porque tales valores se convertían históricamente en los más justos en la época en la que se vive.

El arte socialista y proletario, deben servir a la construcción del mundo socialista. La literatura socialista debe exaltar las grandes virtudes de los obreros y los campesinos, debe exaltar las virtudes de los pueblos en lucha contra el imperialismo, debe exaltar la firmeza y la valentía de los hombres, mujeres y niños que viven en Asia, África y América Latina, luchando contra yanquis reaccionarios y gorilas.

Si la sociedad socialista considera que no es necesaria la dictadura del proletariado, estamos irremisiblemente en el camino de la restauración capitalista. Los elementos burgueses alentados por la “mano blanda”, empezaran a expresar “culturalmente” su oposición al camino socialista. Estos “artistas” denigrarán al socialismo, al proletariado y pondrán por los cielos a la burguesía. ¿No es una prueba lo sucedido en la Unión Soviética? Allá Pasternak, Yevtushenko, Shólojov y otros, militantes algunos en el Partido Comunista denigraron al socialismo y alabaron al capitalismo. Por ello inclusive recibieron los premios Nobel.

En China a partir de 1966, aparecieron los Deng Tuo y cia, que atrincherados en los propios periódicos del Partido en Pekín, se proponían muy “inteligentemente” derribar el poder proletario por “fanático” por “despreciar a las masas” por perder el “juicio”, etc.  Estos intelectuales revisionistas, cabeza de puente del imperialismo, se estrellaron principalmente contra el c. Mao Tse-tung. Naturalmente no podían atacarlo directamente y prefirieron usar la literatura. “Las charlas nocturnas de Yenshan”, “La Aldea de las Tres familias” eran las columnas permanentes desde donde Deng Tuo y sus cómplices disparaban contra la política del Partido y contra “El Gran Salto Adelante”.

La tesis del camarada Mao de que, “El viento del Este prevalece sobre el viento del Oeste” era atacada por el cabecilla Deng Tuo, quien en apariencia se refería a un poema infantil que habla del viento enemigo del Oeste. El grupo antipartido compuesto además por Wu Jan y Liao Mo Sha, trabajaba ordenadamente desde largos años atrás, su objetivo consistía en “eliminar sin remedio” a quiénes “no corrigen sus errores”

La técnica del grupo de utilizar el relato histórico para criticar el presente, se hizo cada vez más evidente y saltaba a la luz  del día.  “La destitución de Jai Rui”, como clara referencia a la destitución del militar derechista Peng De- juai, era en verdad no una pieza literaria, sino ante todo una actitud política. Deng Tuo, Wu Jan y Liao Mo Sha, fueron  destituidos y los enemigos desarmados que son tanto o más peligrosos que los armados, sufrieron una aplastante derrota. El pensamiento de Mo Tse-tung, firmemente adherido a las fundamentales tesis del marxismo-leninismo, constituía la garantía de que en China no se lograría la transición pacífica del socialismo al capitalismo.

La Revolución China, tenía ante sus ojos las dolorosas experiencias de la Gran Unión Soviética, sumida en el pantano del revisionismo y del retorno a la “libre empresa”. Tenía también la experiencia de una serie de países de Europa oriental como Polonia, Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia, cuyas revoluciones fueron grandemente impulsadas por las sabias disposiciones del camarada Stalin y que ahora siguiendo al revisionista Kruschov, cayeron nuevamente bajo la égida de la “cultura occidental” y del “mundo libre. Mientras los pueblos del mundo  luchan denodadamente contra la agresión del imperialismo en todos los continentes, la labor de la mujer, del joven, del niño, del anciano y del hombre consiste en ponerse en la primera fila del combate. Una vez derrotado el imperialismo, los pueblos del mundo, sabrán instaurar una civilización mil veces superior a la del capitalismo.
Efectivamente, corrían los años de la década 60 y la China Popular parecía férreamente vinculada a las bases teóricas del marxismo-­leninismo.  Empero todo era engañoso.  En realidad, detrás de Mao, la dirección del Partido y del Estado chinos ya había sido usurpados por una camarilla derechista y revisionista muy parecida a la soviética de   Jruschov. Liu Shao-chi y Teng Siao-ping, dirigían China con el criterio de que todo era una tasa de leche, pero, en verdad, una poderosa capa burocrática insensible había sentado sus reales en los puntos claves de la formación social socialista china.

Tal como afirmó siempre Mao, la lucha de clases no desaparece en la sociedad socialista y lo que ocurre es que cambia de formas apareciendo en la cima misma del Estado y del Partido. En efecto, la República Popular China y el Partido Comunista Chino, dirigidos por Liu Shao-chi y Teng Siao-ping, intentaban solidificar las estructuras burocráticas separándose cada vez más de las amplias masas populares e imponiéndoles directivas del modo más autoritario y vertical.  Pero no era solamente un problema administrativo, en realidad, los “burócratas” constituían un grupo revisionista y restaurador de las diferencias de clase.  Sutilmente se oponían a Mao y hablaban a media voz del “culto a la personalidad de Mao” y otras cosas semejantes.

Estalló la Gran Revolución Cultural Proletaria cuando aparecieron críticas punzantes contra determinadas obras teatrales que en forma simbólica, como explicábamos, atacaban la política  en torno a las Comunas Populares, el Gran Salto Adelante y otras medidas.

«La revolución cultural proletaria tienen el objetivo no sólo   de liquidar totalmente las viejas ideologías, la vieja   cultura y los viejos hábitos y costumbres, engendrados   todos por las clases explotadoras en el curso milenario de  la historia para envenenar al pueblo, sino también de crear   y formar entre las amplias masas populares una ideología,  cultura, hábitos y costumbres, totalmente nuevos, vale  decir, del proletariado.  Esta gran tarea, de transformar  hábitos y costumbres, carece de precedentes en la historia humana.  Es indispensable efectuar, con la concepción proletaria del mundo, la crítica sistemática de todos los   legados, hábitos y costumbres de la clase feudal y la burguesía......» (1)

Al principio, las críticas tenían un carácter general y el enemigo no aparecía. Los artículos sobre todo se referían a asuntos de la teoría, por ejemplo: la lucha de clases en el terreno ideológico, el carácter de las contradicciones en la sociedad socialista, el revisionismo en el seno del Partido, y finalmente, quizá el más importante: la transformación del alma misma de la gente.

Poco a poco, una grandiosa polémica se extendió por toda China, los DATZIBAOS, o periodismo mural de características chinas, comenzaron a invadir los muros y paredes de todas las ciudades, aldeas y el campo chino.  Todo estaba sometido a la crítica despiadada de las masas.  Nada era intocable y comenzaron a temblar los cimientos y las estructuras del Partido y el Estado chinos.  La primera "víctima" fue el alcalde de Pekín,  Peng Cheng. Los propios organismos partidarios eran desconocidos por las bases cuando eran acusados de burocratismo y de oponerse a las masas.

Los remplazaban los “comités revolucionarios" elegidos directamente según el modelo de la Comuna de París.

Al frente de la Revolución Cultural apareció Mao estimulando y aplaudiendo la actividad de las masas.  Los criticados pretendían eludir sus responsabilidades levantando también la bandera del “Pensamiento de Mao", sin embargo, esta táctica confundía solamente a los observadores superficiales y extranjeros que no podían calar hondo en las raíces de la revolución cultural, a la cual veían como un horroroso monstruo que se come todo y no respeta nada.

Desde un punto de vista teórico, Mao, a través de la Revolución Cultural, pretendía revolucionar la sobre-estructura de la formación social china, pues está probado que el cambio de la base económica, la transformación radical y profunda del nivel económico, es decir de las relaciones sociales de producción, no provoca cambios inmediatos en la sobre-estructura.  En realidad, ésta última permanece muy fuerte y puede volcarse decididamente e retrotraer los cambios de la base.  Las viejas costumbres e ideas arraigadas pueden volver, y en efecto vuelven, revestidas con ropaje “revolucionario” provocando una verdadera y auténtica restauración.

El Partido, considerado un fin en si mismo, había sido idealizado ya en China, como lo fue en la Unión Soviética, y nadie podía poner en duda su infalibilidad.  Mao, demostró que el Partido solamente es tal, si no pierde contacto con las masas populares y las sabe interpretar correctamente en cada período de la revolución, sea antes o después de la toma de poder. Los criterios de la Revolución Cultural fueron aclarándose paulatinamente y la crítica indiferenciada y a veces difusa fue cobrando profundidad y certeza.

Casi todos los líderes históricos fueron sometidos a una severa crítica.  Liu Shao-chi, uno de los principales burócratas fue despojado de sus cargos y sometido a la reeducación. Teng Siao-ping, fue separado de la Secretaría General del Partido y bajado a las bases. Chou En-lao, primer ministro, fue también criticado aunque se le respetaron sus altos cargos, Peng Cheng, alcalde de Pekín, fue echado de sus cargos en el Estado y el Partido.  La fracción revolucionaria del Partido surgió liderada por Chiang Ching, esposa de Mao y dirigente de los comités revolucionarios, Lin Piao, jefe del ejército y propulsor de la publicación millonaria de la obra de Mao, Yao Wen-yuan, el joven organizador de la Comuna de Shanghái y Chang Chung-chiao, el mejor ideólogo del grupo posteriormente llamado la “banda de los 4".

Lo más importante, fuera del ya analizado problema del verdadero carácter de la revolución cultural, es el metodológico, pues, por primera vez en la historia universal, las más amplias masas populares participaban activamente en la resolución de los problemas a todo nivel.  Las “autoridades” habían perdido sus prerrogativas y tenían que discutir  con las bases, trátese de una empresa, una fábrica, o cualquier repartición del Estado, la Universidad, etc., etc.

La tierra se movía y nada parecía tener estabilidad.  Mao decía que:

« El árbol preferiría la calma, pero el viento no se aplaca….

 Al reconocer que, en el desarrollo de la historia en su conjunto, es lo material lo que determina lo espiritual y el ser social el que determina la conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción de lo espiritual sobre lo material, la reacción de la conciencia social  sobre el ser social y la reacción de la SUPERESTRUCTURA SOBRE LA BASE ECONOMICA. ....» (Mayúsculas nuestras) (2)

La dialéctica maoísta demostraba cuán hondo había calado en la comprensión de los fenómenos sociales de la revolución y la construcción socialista. Su insistencia en llevar la lucha de clases al seno mismo del Partido, escandalizó a los “marxistas” apoltronados y mecánicos que sueñan con un partido sin contradicciones y monolítico.

Durante los años de 1966, 1967, 1968 y 1969, la Revolución Cultural Proletaria rugió vigorosamente en China, mostrando la capacidad de las masas populares para vivificar la revolución e impedir su burocratización, sin embargo, en el exterior, los críticos que no entendían nada de nada en torno a tan gigantesco acontecimiento de carácter histórico, se dedicaban a denigrar y calumniar el movimiento inédito.

La prensa internacional occidental capitalista, se unió en fraternal abrazo con la prensa revisionista soviética para atacar la Revolución Cultural. Como siempre, haciendo gala de una superficialidad y un simplismo sin límites, relataban supuestas “atrocidades” de los guardias rojos.  Se decía, por ejemplo, que en China se "perseguía" a los intelectuales, se destruía la cultura occidental, se "proscribía" a Beethoven, a Bach, a Shakespeare, a Cervantes, etc., etc.  Se describía a los jóvenes guardias rojos, como pequeños y feroces monstruos que lo destruían todo.

En realidad de verdad, hubieron muchos excesos y se cometieron muchas injusticias y errores, presumiblemente se exageró muchas veces en la crítica y en los métodos empleados, pero todo esto carece de significación frente a la importancia histórica de semejante movilización millonaria de masas hacia la toma de conciencia.  Nadie, mucho menos sus propulsores, querían que las masas campesinas y juveniles destrozaran algunas cosas, pero en realidad, esas cosas son mucho menos importantes que la búsqueda de los caminos hacia la verdadera liberación y la auténtica construcción socialista.

Todo el mundo mostraba preocupación en torno a la Revolución Cultural y parecía que ésta no concluiría nunca. Poco a poco, la "tormenta" comenzó a amainar y se fue institucionalizando nuevamente una determinada dirección que, con Chou En-lai a la cabeza, combatía de modo bastante disimulado todos los logros del movimiento.   Ya hemos dicho que los principales blancos de la revolución cultural fueron el presidente de la república Liu Shao-chi y el secretario general del Partido Teng Siao-­ping.  Fuera de ellos también fueron criticados el viejo y legendario comandante Chu Teh, el primer ministro Chou En-lai surgiendo como poderoso numero dos, el ministro de defensa Lin Piao.

Precisamente Lin Piao, fue nombrado comandante general de la revolución cultural y oficialmente fue designado sucesor y compañero íntimo del Presidente Mao en la dirección de la revolución china. Lin se dedicó a elaborar una recopilación de las “CITAS  DEL PRESIDENTE MAO” que fueron impresas por miles de millones.  Seguramente el pequeño y llamativo libro rojo fue la publicación más grande que se hizo de libro alguno en la historia de la humanidad, superando muy de lejos en cantidad a las obras de Lenin y a la propia Biblia.

Sin embargo, la fuerza interior de la Revolución Cultural fue paulatinamente perdiendo intensidad y los llamados a la calma y al orden aparecieron con más frecuencia en la prensa china.

Súbitamente, en septiembre de 1971, se supo que Lin Piao, el conductor ejecutivo de la Revolución Cultural, había fallecido en un accidente de aviación cuando trataba de “escapar” de China después de un supuesto fracaso de su tentativa de "asesinar” a Mao y apoderarse del poder.  El caso Lin Piao, es, a no dudarlo, muy oscuro y difuso. 

Durante su apogeo Lin había escrito un artículo teórico cuyo título es: «¡VIVA EL TRIUNFO DE LA GUERRA POPULAR!», que sin duda alguna es un aporte muy significativo y valioso a la estrategia mundial de la revolución y que cuando pase la fobia de la actual dirección china y mucho más cuando se restablezca la grandeza de la revolución china y su historia, podrá ser evaluado con toda equidad.

Muerto Lin, se desató el llamado movimiento de “Crítica a Lin y a Confucio", el mismo que bajo la égida de Chou En-lai comenzó a fustigar, primera tenuemente y después francamente la revolución cultural.  Mao Tse-tung, según sabemos se encontraba ya muy enfermo y había escrito el quinto tomo de sus Obras Escogidas, en el cual afirmaba con mucha claridad que a su muerte la contrarrevolución triunfaría en China casi irremisiblemente y que él no veía la fuerza que podría contener esa tendencia dominante ya en esos precisos momentos.

La Revolución de Octubre en la Rusia Zarista, fue la primera experiencia de transformación profunda de la estructura social y económica de una formación social, lo que vendría después no alteró en lo más mínimo la significación mundial e histórica de dicho acontecimiento.  La Revolución Cultural Proletaria en China es, a su vez, el primer intento victorioso, en el momento, de transformar sustancialmente la superestructura de la formación social que, como podemos ver en todas las revoluciones, no se transforma mecánica ni automáticamente como reflejo de las transformaciones infraestructurales.

Es pues un error muy grande creer que, como se han cambiado las relaciones de producción aboliendo las de tipo capitalista, toda el complejo andamiaje superestructural también se transformará en vista de la determinación en última instancia del nivel económico.  Por ello mismo, algún artículo de la prensa china de esa época diría:

«Debemos atribuir gran importancia al papel de la ideología,  al papel de la ideología socialista, al papel del  marxismo-leninismo y del pensamiento de Mao Tse-tung. Para  nosotros, los comunistas, es materialismo vulgar o  mecanicista no conceder a la ideología toda la importancia  que le corresponde: tenemos que avivar el entusiasmo del pueblo y ensanchar sus horizontes hacia el porvenir con el gran pensamiento de Mao Tse-tung y con nuestra gran causa  justa, para que marche incontenible hacia delante...

Librándose de la influencia milenaria de las tradiciones y  de la fuerza de la costumbre provenientes de todas las  clases explotadoras, así como de la influencia del  imperialismo y obteniendo su emancipación, el pueblo chino  representará una poderosa fuerza y ejercerá una influencia  extraordinaria....» (3)

Toda revolución, pues, si quiere efectivamente transformar la sociedad de modo radical y evitar restauraciones, tiene NECESARIAMENTE que encarar muy seriamente la transformación de la superestructura y en especial del nivel ideológico. Ninguna transformación social o económica puede perdurar si no se han cambiado profundamente las ideas, las costumbres, los hábitos y la manera de pensar y sentir de los hombres. Si no se transforma radicalmente el alma misma de los hombres, estos volverán a encontrar la forma y la manera de reimplantar nuevamente sistemas opresores y de explotación basándose en los prestigios y autoridad que se ganó en el proceso revolucionario de transformación.

Así, pues, convirtiendo al hombre en un comunista en el sentido más cabal de la expresión, se evitará su degeneración, su burocratización, su alejamiento de las aspiraciones del pueblo y finalmente su conversión en un nuevo enemigo de los derechos populares.  Únicamente completando una tras otra sucesivas revoluciones culturales en los países verdaderamente socialistas, se evitará que los grandes sacrificios y la sangre derramada, NO SEA EN VANO.

Concluimos este análisis, con un criterio conciso en torno a la Revolución Cultural Proletaria China, como uno de los más grandes aportes del pensamiento de Mao Tse-tung a la teoría de la continuación de la dictadura proletaria en el período de la construcción socialista.

Nota importante.

(*)  La primera parte del presente artículo fue escrita, como se indica, en octubre de 1966,  apenas cinco meses de producirse el comienzo de la Gran Revolución Cultural Proletaria con la famosa Carta Circular del Comité Central del Partido Comunista de China de 16 de mayo de 1966, cuando tuvimos la gran oportunidad y el privilegio de presenciar el inicio de la Gran Revolución, en medio del más desbordante entusiasmo revolucionario.  

Hoy, 2012,  hemos adecuado en el tiempo el texto, sin variar en absoluto su contenido.

Ha sido nuestro Partido (mlm), el único en el mundo que ha reivindicado en su tiempo y reivindica actualmente la Gran Revolución Cultural Proletaria y a uno de sus máximos impulsores, el camarada Lin Piao, íntimo compañero de armas del Presidente Mao.

Notas.

1.          “La Gran Revolución Cultural Socialista en China”. “Barrer con todos los monstruos”. Editorial del Diario del Pueblo. 1º. de junio de 1966. (3). Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín. 1966. Págs 7 y 8.
2.             Idem. Págs. 15 y 16.
3.             Idem. Pág. 18.

Mayo 2012,
PCmlm-Bolivia

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