lunes, 21 de noviembre de 2011

Un Siglo de la Revolución Mexicana

28-11-11
SE CUMPLE UN SIGLO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA
1911-2011
 
«Arroyito revoltoso,
¿Qué te dijo aquel clavel?
-Dice que no ha muerto el jefe,
-que Zapata ha de volver»
         
          MEXICO, el país de los antiguos nahuatls, toltecas, olmecas, teotihuacanos y  mayas, tiene una enorme población de origen campesino y originario. Naturalmente con esta composición demográfica fue el escenario de grandes luchas y grandes triunfos revolucionarios y también derrotas durante el Siglo XX.
                       
          Es quizá México, el primer pueblo que inició la gran oleada revolucionaria del Siglo XX. Efectivamente el 28 de noviembre de 1911, los campesinos mexicanos, levantando, por primera vez, el programa agrario de la confiscación de la tierra a los latifundistas con la firma del famoso PLAN DE AYALA,  se sublevaron a la cabeza del gran líder agrario y revolucionario Emiliano Zapata.

«Mestizo, fuerte, inteligente y audaz, tirador certero, jinete consumado, bailarín y enamorado, gustador de los puros, el coñac y el aguardiente de caña, apasionado de las riñas de gallos, los caballos y las corridas de toros, hermoso y elegante, siempre pareció haber nacido para ser lo que fue…

Líder agrarista, guerrillero, estadista y dirigente político, llegó mucho más allá de lo que sus enemigos hubiesen querido pero no hasta donde pudo haber llegado…..

Arañó con Pancho Villa el poder total, pero lo perdió. Pudo convertirse, también con Villa, en uno de los indiscutidos rectores del destino de América Latina, pero lo asesinaron para que no lo fuera…» (1)
                       
          Gobernaba México, un dictador del siglo XIX con el apoyo y respaldo de todos los terratenientes mexicanos que habían venido aplicando un verdadero régimen servidumbral medieval con el sometimiento completo de los campesinos, heredado directamente de la colonia española. Porfirio Díaz, gobernó México durante 30 años y pretendía eternizarse en el poder sobre las espaldas del pueblo mexicano campesino sojuzgado.
                       
          La Revolución Mexicana, ese singular movimiento social, será entonces la precursora de un proceso revolucionario realmente impresionante.  Fue una gran marea campesina en un enorme país que levantando la bandera de "Tierra y Libertad", sentenció a muerte al latifundismo atrabiliario de los señores de la tierra.
                       
          En los primeros momentos, la revolución tomó un camino democrático burgués, a la cabeza de don Francisco Indalecio Madero, que quiso continuar el sometimiento campesino haciendo a un lado la dictadura del porfirismo. Efectivamente, Madero no tenía ningún propósito verdaderamente revolucionario agrarista, simplemente pretendía organizar un régimen democrático burgués, el cual no era el pensamiento de los líderes auténticos del movimiento: Emiliano Zapata, Francisco "Pancho" Villa (Doroteo Arango)  y otros.
                       
          Para comprender el movimiento agrario y campesino mexicano de 1911-1919, debemos señalar que existían dos corrientes: una democratizante con Madero,  Álvaro Obregón, Venustiano Carranza y otros políticos citadinos con ideas reducidas simplemente a acabar con la dictadura decimonónica de Porfirio Díaz y la otra agrarista, a la cabeza de los caudillos Villa y Zapata.
           
Sin embargo la insurrección campesina constituía el núcleo y el corazón mismo de la crisis en virtud de ser México un país agrario con una población enorme de campesinos de origen azteca y maya junto a otras muchísimas nacionalidades menores. De modo que, de todas maneras, no había ninguna posibilidad de eludir la cuestión agraria al margen de la antipatía y rechazo de los demócratas al estilo Madero respecto de los campesinos zapatistas y villistas.
                       
          La revolución tuvo pues una serie muy larga de vicisitudes,  vueltas y revueltas que no podrían ser resumidas adecuadamente en unas cuantas páginas. Empero, trataremos de señalar los acontecimientos principales y sobre todo la línea política que siguió el levantamiento.
                       
          «La Revolución mexicana se produjo porque los políticos encumbrados del país no lograron ponerse de acuerdo, manifiestamente, en lo tocante a quién habría de gobernar cuando muriese el presidente Porfirio Díaz. Estos políticos, apodados los científicos, consideraban que era una ley natural que la nación pudiese progresar solamente bajo su dirección y dominio y para su beneficio propio. Desde los primeros años de la década de 1890 sermoneaban a México acerca de la autoridad a que les daba derecho su ciencia especial y con el tiempo llegaron a convencer de su infalibilidad a grandes sectores del público. Pero hacia 1904 andaban forcejeando con el problema de arreglar la sucesión de Díaz, que llevaba 20 años consecutivos de ser presidente. En 1908, dos años antes de la siguiente elección presidencial, el problema se convirtió en un notorio asunto de Estado. Y al quedar al descubierto sus maniobras, los poderosos resultaron ser ingenuos, traicioneros e incompetentes. Poco tiempo después, su esmerado orden se vino abajo...»  (2)
                       
          Así relata un autor biógrafo de Zapata, la situación muy poco antes de la eclosión revolucionaria que haría crisis en 1911.
                       
          La gran convulsión social había llevado a sucesivos y confusos enfrentamientos entre grupos armados de terratenientes, campesinos y militares que pugnaban por obtener predominio político ante la clara decadencia del régimen porfirista, que realmente conducido por los "científicos" Romero Rubio y Limantour, sostenían que el progreso de México estaba ligado estrechamente a la venida del capital extranjero.
           
          En verdad la revolución mexicana tiene su inicio en el llamado "Plan de San Luís Potosí", lanzado por Madero el 5 de octubre de 1910, un documento de carácter político democrático que exigía la anulación de las elecciones fraudulentas organizadas por Porfirio Díaz para reelegirse y únicamente una reivindicación social, es decir la «restitución a sus antiguos propietarios de las tierras expropiadas por las autoridades porfiristas»  (3).
                       
          «El viernes 10 de marzo (1911), Zapata, Torres Burgos y Rafael Merino se reunieron durante la feria anual cuaresmal de Cuautla. Allí se pusieron de acuerdo en lo tocante a los detalles finales y a la noche siguiente, de regreso en Villa de Ayala, pusieron en acto sus planes. Se amotinaron repentinamente, desarmaron a la policía del lugar y convocaron a una asamblea general en la plaza. El orador, Torres Burgos, subió al pequeño quiosco y leyó en público (por primera vez en Morelos) el plan de San Luís Potosí, luego informó de los levantamientos en el norte y terminó con vivas para la revolución y mueras para el gobierno...... En rebelión formal ahora, de acuerdo con el Plan de San Luís, los de Ayala organizaron una banda de cerca de 70 hombres de diversos poblados del municipio, distribuyeron comisiones y cabalgaron hacia el sur por el campo. La revolución maderista había comenzado en Morelos.....»  (4)
                       
          Porfirio Díaz acosado por la resistencia popular y debido a una decadencia física, renuncia a la presidencia el 25 de mayo de 1911 y  deja el cargo al antiguo embajador mexicano en los Estados Unidos Don  Francisco León de la Barra y huye del país ante el repudio y la imposibilidad de perpetuar su régimen. En unas elecciones sumamente confusas del 1° de octubre es elegido don Francisco Indalecio Madero, nuevo presidente de México, dándose la apariencia de solución de los problemas. Más no era así, el latifundismo y la dominación servidumbral iban mucho más lejos de la persona y el régimen de Porfirio Díaz, estaban profundamente introducidos en la sociedad mexicana. El propósito de las clases dominantes mexicanas era establecer un régimen aparentemente democrático y frenar el ascenso campesino. Fuera de los contingentes campesinos revolucionarios al mando de líderes auténticamente populares, existían también bandas armadas pagadas por los terratenientes que sembraban la confusión en el campo.
                       
          Por su parte el ejército mexicano, seguía siendo un aparato al servicio de los terratenientes y en su seno iban perfilándose las personalidades que darían larga y sangrienta batalla a las fuerzas revolucionarias campesinas. La presidencia de Madero no trajo, como se esperaba, la conclusión de la agitación social, por el contrario, las masas populares y principalmente los campesinos comprendieron que era la hora precisa de acentuar sus presiones y su lucha reivindicativa.
           
          «A tres semanas de la toma de posesión de Madero, el 28 de noviembre de 1911, se firmó en las cercanías de la Villa de Ayala lo que puede considerarse el programa de la revolución campesina. En él se denunciaba la claudicación de Madero, se le desconocía como jefe del movimiento y se llamaba a su derrocamiento. A continuación, en los artículos 6, 7, 8  y 9 se exponía lo fundamental de las transformaciones agrarias por las que prometían luchar, hasta "vencer o morir", los hijos del estado de Morelos, afiliados al Ejército insurgente.... Lo más significativo del Plan de Ayala era que no constituía una promesa de redistribución agraria para ser cumplido después del triunfo de la Revolución, sino un programa de aplicación inmediata en todos los territorios que fueran dominando las fuerzas rebeldes.... A pesar de ello, cierta perspectiva de un nuevo ordenamiento nacional se bosquejaba, en forma más o menos explícita, a través de todo el articulado, sobre todo en los acápites 1, 3, 12, 13 y 15.»   (5).
                       
          Como se ve, frente al ya mencionado Plan de San Luís Potosí, maderista y de origen democrático burgués constitucionalista, se presenta el "Plan de Ayala", zapatista de origen agrario revolucionario. Parece que Madero jamás comprendió el carácter profundo de los levantamientos campesinos y muy rápidamente se desconectó de ellos con la pretensión de servir los intereses exclusivos de la burguesía mexicana. Cuando el movimiento campesino deslindó fronteras con Madero, comenzó una etapa relativamente corta de decadencia del prestigio del presidente que conduciría a la comisión de serios errores que precipitarían su caída. Por otro lado, se hacía cada día más evidente la intervención arbitraria y abusiva del imperialismo norteamericano dispuesto a decidir, por su cuenta, los destinos de México.

El presidente Taft acusó a México de "discriminar" a las empresas norteamericanas en diciembre de 1912 y acá comenzó el plan de derrocar a Madero.
           
          «En enero de 1913 se organizó una nueva conspiración contra Madero dirigida por el general Mondragón, Félix Díaz y Bernardo Reyes..... En los primeros momentos los insurrectos fueron rechazados con fuertes pérdidas al atacar el palacio nacional.... El presidente nombró entonces a Victoriano Huerta, antiguo general porfirista, como jefe de las tropas...» (6).
                       
          Seguramente el régimen Madero hubiera durado mucho más tiempo si no hubiera cometido el grave error de designar como jefe del Ejército federal a Victoriano Huerta, el más grande reaccionario de los generales mexicanos y una especie de Pinochet de principios de siglo, que después de jurar lealtad una y otra vez a Madero, le clavó el puñal por la espalda, derrocándolo después de muchas maniobras de deslealtad inauditas y finalmente fusilarlo por órdenes de los Estados Unidos. Victoriano Huerta simulaba combatir a los conspiradores y según el autor Díaz de Arce, en realidad hacía todo lo posible para facilitar su triunfo. En esos trajines fue descubierto por el hermano de Madero, Gustavo que lo detuvo y lo presentó al presidente acusándolo de conspiración. El ingenuo Madero, dice nuestro autor, se dejó convencer y consiguió su libertad para seguir su plan macabro. (No podemos menos que recordar el itinerario del general Pinochet nombrado por Allende en lo más alto de la crisis, para después traicionarlo y asesinarlo, no sin antes jurar una y otra vez lealtad al mandatario legal).
                       
          Se inicia, pues, lo que llevará el nombre de la "decena trágica" del 9 al 18 de febrero de 1913:
                       
          «El primer acto del drama había terminado. Las últimas escenas se desarrollaron en torno al tema: ¿Qué hacer con Francisco Madero?. En esta cuestión volvieron a ponerse de relieve las diferencias entre Wilson (el embajador norteamericano, cuándo no) y los representantes europeos. El inglés y el alemán eran partidarios de salvarle la vida. El norteamericano, prácticamente y en forma sutil, recomendó a Huerta su fusilamiento....»  (7).
                       
          Como siempre en toda la historia de nuestra América, los Estados Unidos y sus representantes, jugando el sucio e infame papel de asesinos a mansalva contra los hombres que pretendieron la libertad, la justicia y la democracia en el subcontinente. Como en todos los casos, sus embajadores metidos en las peores confabulaciones, en los peores complots, en las más oscuras maniobras y traiciones para hacer desaparecer a los patriotas y facilitar la acción de los criminales vestidos de militares o civiles a sus órdenes. Inmediatamente se dio inicio a la tenebrosa dictadura de Victoriano Huerta que encontró, como no podía ser de otra manera la oposición de Zapata, fuertemente instalado en el estado de Morelos, de Francisco Villa y su famosa División del Norte y del gobernador de Coahuila Venustiano Carranza quién llamando a la lucha armada contra la dictadura, proclamó su célebre Plan de Guadalupe el 26 de marzo de 1913. (8).
                       
          En realidad, rápidamente se organizó contra Victoriano Huerta un amplio frente de fuerzas heterogéneas que veían en el traidor la continuación orgánica de la dictadura porfirista. Nació entonces lo que se daría en llamar, el constitucionalismo mexicano que tuvo tanto predicamento y que será brevemente estudiado más adelante y que en sus inicios tenía tres tendencias: la del líder Carranza, con generales de la calidad de Pablo Gonzáles a quien tendremos la oportunidad de conocer años después, la de Álvaro Obregón de tendencia pequeño burguesa, dice Arce y finalmente la liderada por Francisco Pancho Villa y su División del Norte.
                       
          Zapata por su parte, aprovechó el tiempo reorganizando sus fuerzas y definiendo el carácter de su movimiento frente al golpe militar de Huerta. Lo primero que hizo fue completar su famoso Plan de Ayala declarando a Huerta "usurpador" y "mucho peor que Madero" y desenmascarando la traición de Pascual Orozco el viejo revolucionario que había cometido el error de reconocer y prestar apoyo al golpe de Huerta.
                       
          El régimen huertista no podía sostenerse mucho tiempo en el poder, pues había concitado aunque sea de mal grado, la unidad de todas las fuerzas contendientes. El imperialismo norteamericano, sediento de beneficios y tratando de aprovechar todas las circunstancias, primero apoyó a Huerta y después, como es su costumbre, le quitó el apoyo, determinando su derrocamiento. Para presionar más aún a México que no era un país unificado y que en realidad estaba dividido en muchos poderes locales, uno de los cuales fue siempre el estado de Morelos a cargo de Zapata y otro el de Villa en Chihuahua, dispuso la ocupación de Veracruz mediante un desembarco de fuerzas navales el 21 de abril de 1914.
                       
          Naturalmente el exabrupto norteamericano hizo que todo el pueblo mexicano y todas sus fuerzas políticas y militares, reaccionaran airadamente pidiendo el inmediato retiro de esas tropas, así quedó frustrada la intentona norteamericana de tomar México e imponer sus condiciones a todos los contendientes. Incluso el reaccionario gobierno local de Victoriano Huerta repudió la invasión y se dispuso a rechazarla.
                       
          Ante el visible debilitamiento de la dictadura de Huerta, se dibujaron claramente las fuerzas que pugnaban por tomar la capital y echar a Huerta del poder político. Esas fuerzas eran por una parte Carranza, con su aliado Álvaro Obregón y por otra parte Francisco Villa y su División del Norte. Ambas fuerzas trataban de ganar la carrera hacia México y mutuamente se ponían obstáculos en esa labor. El 15 de julio de 1914, completamente abandonado y desacreditado, Huerta renunció a la presidencia y se retiró con sus acólitos al exilio a Jamaica protegido por sus padrinos los diplomáticos ingleses y alemanes. Ya antes los norteamericanos habían abandonado totalmente a Huerta.
                       
          Un pacto firmado en Torreón el 8 de julio entre Villa y Carranza, el subordinado y el jefe, determinaba que ambas fuerzas lucharían mancomunadamente hasta derrocar a la dictadura y hasta hacer desaparecer al Ejército ex Federal y sustituirlo por el Ejército Constitucionalista. Carranza desconoció el pacto y ordenó la toma de México por su subordinado Álvaro Obregón quién efectivamente ocupó la capital iniciándose la era de Venustiano Carranza.
           
Las fuerzas que derrotaron a Victoriano Huerta no estaban unificadas, como sabemos, entonces para lograr un acercamiento aunque sea formal, se convocó a la famosa Convención de Aguascalientes, inaugurada el 10 de octubre de 1914 en la que participaron las tres fuerzas: Carranza, Villa y Zapata. Álvaro Obregón era parte del constitucionalismo carrancista. Se acercaba, por entonces, la cima más alta del movimiento revolucionario agrarista. Juntos Villa y Zapata representaban una fuerza mayor a la de Carranza, de modo que ante esa situación el "primer jefe" abandona la capital el 22 de noviembre y se refugia en Puebla y después en Orizaba. Al mismo tiempo, Villa y Zapata ingresaban triunfalmente a México. El 4 de diciembre de 1914 se celebraba la famosa y conocida entrevista de Emiliano Zapata y Francisco Villa en Xochimilco. Sin embargo, como lo señalan todos los autores, este momento culminante de la Revolución Mexicana que parecía llegar al triunfo de sus fracciones más radicales y revolucionarias no duró mucho. El movimiento agrarista no tenía una proyección política clara, no tenía el respaldo, sobre todo de los sectores urbanos proletarios y clases medias bajas, de modo que, en general se fue agotando y debilitando conforme pasaba el tiempo. Por su parte, Carranza y su lugarteniente Álvaro Obregón se fueron reponiendo poco a poco, venciendo en sendas batallas a las fuerzas de Pancho Villa, mientras Zapata, desorientado y confundido, se retiraba a su cuartel general de Morelos.
           
          Carranza y Obregón volvían y tomaban la capital para reiniciar la era Carranza. Omar Díaz de Arce, en su comentada obra nos relata cómo llegó a confundirse tanto el movimiento obrero mexicano en estos tiempos, cuando los sectores anarquistas del proletariado se unieron  al presidente Carranza para luchar contra los campesinos haciendo oídos a la demagogia carrancista. Algo inconcebible desde el punto de vista revolucionario, pero evidente desde el punto de vista histórico.

«El respaldo obrero a Carranza, sirvió, no para mejorar sustancialmente la situación desesperada de los trabajadores, sino para lanzarlos criminalmente contra el pujante movimiento campesino. La Casa del Obrero Mundial, creada en 1912 por los dirigentes anarquistas, ofreció al jefe constitucionalista el concurso de "Batallones Rojos", movilizados enseguida por éste para combatir al campesinado revolucionario en nombre de la lucha contra la reacción. Pero el trágico episodio no podía durar mucho. Ya en 1916 Carranza respondía a los desilusionados trabajadores --que iniciaron un vigoroso movimiento de huelgas y protestas-- con la disolución de los "Batallones Rojos", la ocupación de los locales sindicales y la prohibición de la Casa del Obrero Mundial-...» (9).
                       
          Lo más importante que hizo Carranza, no precisamente por convicción, sino por presiones de las fuerzas progresistas y revolucionarias al influjo del movimiento campesino, fue la promulgación de la famosa y conocida Constitución de Querétaro de 1917. Esta Carta Magna mexicana, constituyó la expresión más alta de las aspiraciones de los pueblos de América Latina, antes de la Revolución Bolchevique. Querétaro significa el reconocimiento de los derechos fundamentales de las amplias masas campesinas, a la tierra y a la libertad y por otro lado, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores. En una palabra, los dos elementos aunque separados, se iban ya aproximando, lo que se produciría con toda claridad con la Revolución de Octubre en Rusia.
                       
          Nace también con la Constitución de Querétaro, una verdadera corriente jurídica constitucionalista que tendrá una repercusión muy grande e influirá decisivamente en el ambiente jurídico latinoamericano, pues muchas constituciones a partir de entonces se inspiraron en la de Querétaro. El constitucionalismo social se hizo pues muy influyente también en Bolivia y fue aplicado en la reforma de 1938.
           
          La hegemonía carrancista hacía aguas por todas partes y hasta su partidario más cercano, Álvaro Obregón, comenzó a conspirar para terminar, de una vez por todas con aquella. Efectivamente, en Sonora, Adolfo de la Huerta proclamó un nuevo Plan el de "Agua Prieta" que simplemente desconocía la presidencia de Carranza. Rápidamente se extendió la rebelión y Carranza se vio obligado a abandonar la capital, iniciando una huida ya tradicional entre los gobernantes mexicanos de la época.
           
          Sin embargo, el acontecimiento más importante de la etapa heroica de la revolución mexicana y prácticamente el cierre dramático y trágico de su trayectoria, es el cobarde, aleve y siniestro asesinato del gran Emiliano Zapata, precisamente por órdenes de Carranza. Es importante, en nuestro concepto, detenernos un tanto en este acontecimiento que marca un hito imborrable en la historia revolucionaria de América. Es precisamente el autor norteamericano John Womack Jr. el que narra con más detalle, la infamia del asesinato. Como es conocido era moneda corriente que los jefes de bandas armadas campesinas tomaran partido por uno u otro bando de acuerdo a sus propias conveniencias, la excepción era naturalmente Emiliano Zapata que era el único caudillo que luchaba por principios. En medio de esta confusión, algunos jefes que eran castigados por sus superiores, se resentían profundamente y ofrecían sus servicios a los adversarios. Es este problema que desconcertó a Zapata y le llevó a cometer el peor error de su vida que le costó precisamente la misma.
                       
          Un jefe local llamado Jesús Guajardo había sido castigado por Pablo González el conocido general carrancista y verdugo de Morelos, por su renuencia a atacar a las fuerzas zapatistas. Conocedor del entuerto, Zapata envió una nota invitando a Guajardo a pasarse a sus filas. La nota de Zapata "apareció", según Womack, en el escritorio de González e inmediatamente se le ocurrió un contraplan. Haría que Guajardo le siga el juego a Zapata simulando interesarse por su propuesta, pero bien vigilado, sobornado con el perdón y nuevos ascensos por parte de González y la anuencia de Carranza en el plan.
         
          A continuación citamos en toda su extensión, en relato del asesinato de Zapata realizado por Womack y que demuestra del modo más dramático el carácter traidor del suceso:
           
          «El lunes 7 de abril  (1919) todo estaba listo. Las municiones habían llegado. González había regresado. Y Zapata había recibido promesas de otras deserciones de los nacionales y había dado sus órdenes de batalla contra Jonacatepec, Tlaltizapán y Jojutla. Para apartar la atención de Morelos, en ese mismo día los zapatistas atacaron Cholula, Puebla. En esa noche Guajardo hizo sus últimos preparativos en Cuautla y a la mañana siguiente se declaró finalmente en rebelión contra el gobierno. Al salir de Cuautla, un cautivo zapatista que gozaba de libertad bajo fianza, Eusebio Jáuregui, le envió a Zapata otra recomendación en su favor.
           
          Guajardo avanzó directamente hasta Jonacatepec, como le había ordenado Zapata. Allí otros oficiales nacionales se sumaron a su falso motín y juntos, la mañana del 9 de abril, ocuparon la población en nombre de Zapata. De acuerdo con lo convenido con Zapata, Guajardo arrestó a Bárcenas y a sus traidores. Y luego los hizo matar...» (10)
           
          «Poco después del alba, el 10 de abril, Zapata y su escolta montaron a caballo. Eran los lugares en los que había transcurrido su vida. La hacienda de Chinameca se extendía junto al río Cuautla, a unos cincuenta kilómetros al sur de Villa de Ayala.... Fuera de la hacienda, apoyadas contra sus muros delanteros, había varias tiendas y en una de ellas conversaron Zapata y Guajardo... Dentro de los muros la escolta de Zapata descansaba... Aunque no había señales del enemigo, Zapata puso centinelas y regresó a los alrededores de la hacienda. Era la una y media de la tarde. Sólo las tropas de Guajardo se encontraban ahora dentro de los muros, con excepción del asistente Palacios, que estaba hablando con Guajardo para recoger unos doce mil cartuchos de su depósito de municiones. Zapata esperó. Guajardo lo invitó a comer y cerrar el trato, pero Zapata prefirió seguir aguardando. Mas cuando los oficiales de Guajardo le repitieron varias veces la invitación, no le pareció mala idea tomarse unos tacos y una cerveza. Habían empezado temprano el día y habían cabalgado mucho.  Hacia las dos de la tarde, Zapata comenzó a impacientarse; finalmente a las dos y diez minutos aceptó. Montando en el alazán que Guajardo le había dado el día anterior, ordenó que diez hombres lo acompañasen hasta las puertas de la hacienda. "Lo seguimos diez, tal y como él lo ordenara" --le contó un joven asistente que había presenciado los hechos, a Magaña, esa misma noche--, quedando el resto de la gente, muy confiada, sombreándose debajo de los árboles y con las carabinas enfundadas. La guardia formada parecía preparada a hacerle  los honores. El clarín tocó tres veces llamada de honor, al apagarse la última nota, al llegar el General en Jefe al dintel de la puerta... a quemarropa, sin dar tiempo para empuñar ni las pistolas, los soldados que presentaban armas, descargaron dos veces sus fusiles y nuestro inolvidable General Zapata cayó para no levantarse más....
           
          La sorpresa fue terrible. Los soldados del traidor Guajardo, preparados... en todas partes. Bien pronto la resistencia fue inútil....». (11)
           
          Así, a través de una cobarde trampa, Carranza, González y Guajardo, los asesinos a mansalva privaron al pueblo mexicano y a los pueblos de América Latina  de uno de sus héroes más puros, más abnegados y que se eleva cada día más alto en la memoria de nuestros pueblos y naciones.

          Emiliano Zapata, junto a César Augusto Sandino, a Simón de la Santísima Trinidad de Bolivar y Palacio, a José Martí, a Tupak Katari, a Tupak Amaru, a Ernesto Che Guevara, al presidente Gonzalo, significa el honor y la dignidad de América frente a los poderes imperiales y oligárquicos.
           
          La desaparición de Emiliano Zapata significa el fin de la etapa heroica de la revolución mexicana, significa el inicio de una cadena de caudillos mezquinos que finalmente constituirían el famoso Partido Revolucionario Institucionalista (PRI) que gobernará México hasta el presente, año 2000 (en que se rompe esa hegemonía) en medio de la corrupción, la demagogia y el reaccionarismo más extremos.

                       
          7. 4. 2.  EL EJÉRCITO "ZAPATISTA"  DE LIBERACIÓN NACIONAL. EZLN.

          En la última década del siglo, vuelve a surgir la figura de Emiliano Zapata representada, esta vez, por un gran movimiento campesino e indígena que lleva su nombre, pero sólo su nombre, como lo veremos después,  en las tierras olvidadas del Chiapas mexicano.
           
          Los orígenes del EZLN, no son muy claros. Es evidente que siendo Chiapas el estado mexicano más pobre y marginado, tiene una población campesina y nacional originaria muy numerosa sumida en la más espantosa de las miserias. Chiapas ha sido desde tiempos atrás una muestra del carácter mismo del desarrollo del Estado nacional mexicano: pequeños islotes de inmensa riqueza y enormes masas con ingresos miserables.
         
          Poco a poco se fue diseñando la creación de organizaciones de base que pretendieron  y pretenden organizar políticamente esas amplias masas populares por el camino revolucionario de la lucha armada popular y prolongada. Varios fueron los intentos de llevar adelante esta monumental e histórica tarea. En la más profunda clandestinidad, los grupos campesinos de origen maya en Chiapas,  fueron estructurando el Frente Zapatista de Liberación Nacional, justamente como una respuesta a las condiciones de vida del pueblo y también como homenaje a la memoria del más grande revolucionario mexicano de todos los tiempos: Emiliano Zapata.
           
          Sin embargo, nadie sabe cómo, se fueron infiltrando en el movimiento de un modo sigiloso y ladino, algunos grupos políticos comprometidos con intereses completamente diferentes de los intereses históricos campesinos. Esa infiltración llegó inclusive a los niveles dirigenciales, cuando aparece súbita e inesperadamente la figura del sub-comandante Marcos que, en los hechos, asume la dirección político-militar del EZLN. No tenemos ninguna intención de caracterizar puntual y personalmente la conducta de Marcos y de su liderazgo, pero lo que sí podemos hacer con todo derecho es ubicar política e ideológicamente el accionar de esa "dirigencia" neo-zapatista que la consideramos desleal y contrapuesta al ideario auténtico del zapatismo histórico.
           
          «Miles de campesinos indígenas se levantaron en armas el 1° de enero de 1994 en Chiapas, un estado del sur de México, bajo la dirección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Tomaron las cabeceras municipales de Ocosingo, Chanal, Las Margaritas, Altamirano y Oxchuc, así como San Cristóbal, la ciudad más grande de esta región de los Altos y la Selva Lacandona.... Liberaron a 179 presos del penal cerca de San Cristóbal, la mayoría campesinos indígenas encarcelados injustamente por los terratenientes y su gobierno......» (12)
           
          La insurrección campesina que movilizó entre 10 000 y 15 000 hombres, asombró a toda la nación y a todo el continente, pues aparecía la lucha armada en uno de los países grandes del hemisferio. Las acciones militares no fueron muy enconadas, tanto por la sorpresa que determinó una actitud cautelosa del régimen, cuanto por el temor del régimen de que pudiera extenderse rápidamente el movimiento a otros estados tan pobres y deprimidos como Chiapas.
           
          Repuesto de su inicial sorpresa el ejército mexicano entró en San Cristóbal de las Casas, ciudad importante de Chiapas, una vez que el EZLN había abandonado la ciudad e inició, como es costumbre de los ejércitos, el asesinato, la persecución y las masacres de campesinos inocentes que no están ni estaban incorporadas en el movimiento. No obstante que los deseos eran muy grandes de iniciar una gran ofensiva contra los zapatistas atacando sus reductos de la selva, no se optó por este camino en razón de la debilidad política del régimen corrupto de Carlos Salinas de Gortari y del enorme prestigio que había alcanzado la guerrilla en tan poco tiempo. Por estas razones y también por presión norteamericana se acordó un cese de fuego el 12 de enero de 1994, el mismo que fue aceptado por el EZLN. Entonces, los enfrentamientos militares y los choques armados entre guerrilleros y el ejército, en realidad duraron solamente 10 días.
         
          Sin embargo, para completar el capítulo del aporte mexicano a la revolución en América Latina y el mundo, abordamos el problema actual del carácter político ideológico del movimiento neo-zapatista que lo nombramos así para diferenciarlo del zapatismo histórico.
         
          En realidad la posición concreta en lo político y militar del EZLN no es muy clara, sus documentos nos hablan superficialmente de 10 puntos: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. Por otra parte aluden a sus llamadas "leyes revolucionarias" que limitan la extensión de la propiedad agraria a 25 hectáreas de tierra de buena calidad, la expropiación de las grandes empresas agrícolas, el control de precios y salarios y que las compañías extranjeras paguen a sus trabajadores el mismo salario que pagan  en sus países de origen, entre otros puntos. (13).
           
          Como podemos apreciar, los postulados "zapatistas" apenas alcanzan el nivel de radicalidad de los programas de los partidos de la izquierda socialdemócrata. Para alcanzar esas metas, no se hace una guerra popular. No se puede llevar a un pueblo a la sagrada lucha armada para alcanzar postulados de la democracia burguesa. Esa es la principal razón para considerar que, con el EZLN ha pasado un proceso de confiscación de la soberanía campesina por grupos políticos de la "izquierda" internacional socialdemócrata, traidora y confiscadora de la lucha y el sacrificio de las masas populares.

Concordantemente con lo afirmado, transcribiremos las opiniones de un escritor mexicano, Enrique Semo que parece interpretar el verdadero credo político de la dirigencia neozapatista, que, en un extenso artículo y malparafraseando a Marx, expresa:

«En América Latina la lucha armada es la partera de la democracia aún cuando ésta sólo se consolida en el ejercicio electoral y parlamentario...». (14)

De modo que para este escritor mexicano, colgado de la leva de los neozapatistas, los pueblos deben luchar con las armas en la mano y derramar en torrentes su sangre para participar en las elecciones fraudulentas de la burguesía. ¡Qué aberración!, pues para participar en las elecciones en las condiciones de América Latina no se necesita una sagrada lucha armada ni mucho menos una guerra popular. No sabemos si efectivamente el zapatismo chiapaneco puede suscribir los disparates que se escriben en su nombre.

Empero sigamos conociendo el criterio de Semo que, como decíamos, parece interpretar el verdadero contenido de las doctrinas y posiciones políticas del EZLN:

«Uno de los aspectos más originales del movimiento guerrillero de Chiapas es la relación que se establece entre insurrección armada y reforma democrática. Desde su estallido, la rebelión chiapaneca se ha constituido en actor activo y autónomo de la transición mexicana a la democracia entendida ésta en su sentido más limitado de transparencia electoral, igualdad entre los partidos, libertades individuales, estado de derecho y, en el caso de Chiapas, igualdad racial y autonomía indígena....

Existen, sin embargo, tres diferencias esenciales (con los conflictos guerrilleros latinoamericanos. n. n.). Los movimientos guerrilleros del pasado (sic) estaban inspirados por las ideas de la revolución y la toma del poder. Desembocaban en la legalidad republicana porque la relación mundial y nacional de fuerzas no les permitió ir más lejos. Algunos de sus protagonistas siguen convencidos hasta hoy que la toma del poder hubiera sido preferible. El EZLN, en cambio, comenzó ahí donde las demás guerrillas terminaron: desde el principio hizo muy claro que su objetivo era la creación de condiciones democráticas que aseguraran la libertad para las mayorías trabajadoras. En su posición, las experiencias de las guerrillas nicaragüenses, salvadoreña e incluso venezolana y cubana en materia de democracia se hicieron teoría y programa...

La segunda es que el EZLN jamás se consideró vanguardia del movimiento popular, ni vio en su forma de lucha la única posible. Desde sus primeros pasos públicos se concibió como el interlocutor de un movimiento popular extraordinariamente diverso y pluralista, y consideró que en las condiciones mexicanas la lucha armada era complementaria y más bien la respuesta a situación local excepcional.

La tercera es que, mientras que los movimientos guerrilleros anteriores fueron protagonistas de acciones armadas prolongadas, la del EZLN duró unos días y su fuerza se basa en el diálogo y la colaboración política con una sociedad civil cuyos componentes se oponen en general a la lucha armada. Su trayectoria de los últimos dos años puede calificarse de acción política desde posiciones de paz armada....

Estas tres diferencias alejan al EZLN de experiencias guerrilleras anteriores que se proponían el derrocamiento de los gobiernos establecidos y lo acercan a la nueva ola de los movimientos sociales de los últimos veinte años, que tienden a asociar la solución de sus problemas particulares cada vez con más autonomía frente al estado y la ampliación de los espacios democráticos...» (15)

Nos parece que nadie mejor que Enrique Semo para caracterizar la teoría política del EZLN en sus estratos dirigentes, porque estamos seguros que esa jerigonza con arrestos de teoría política no la comprenden por incomprensible mínimamente los indígenas chiapanecos cuya aspiración no es una supuesta "democracia", sino superar la miseria sempiterna que los agobia y recurrir a la violencia revolucionaria y la lucha armada para dicha superación.

Los neo-zapatistas, según Semo, quieren diferenciarse ampliamente de los movimientos guerrilleros "del pasado" que pretendían cambiar el sistema, tomar el poder e implantar el socialismo. No, señores, dicen los dirigentes neo-zapatistas, el sistema no se toca, es sacrosanto, no a la lucha armada, no a la violencia, no a la vanguardia revolucionaria, sí a la democracia....burguesa. El neoliberalismo les queda inmensamente agradecido.

Sí, a las elecciones y a los parlamentos, sí, al PRD de Cuautemoc Cárdenas, en una palabra sí a la SocialDemocracia. Los neo-zapatistas que se parecen tan poco a los inmortales guerrilleros de Morelos y su inolvidable líder Emiliano Zapata, inscriben su accionar, según Semo, en los movimientos democráticos de los últimos veinte años que derrocaron al llamado "socialismo real". ¿Qué es lo que realmente significa este tipo de afirmaciones?

La miserable y catastrófica restauración capitalista en Europa oriental, es calificada y presentada por los neo-zapatistas, como un gran proceso democratizador. Nadie, desde el punto de vista marxista, pretende defender al revisionismo capitulador que había traicionado el socialismo y restauraba sostenidamente el capitalismo, pero otra cosa muy diferente es alabar y ponderar la propia restauración capitalista como un proceso democratizador. Es decir la "hermosa democracia" que hoy vive la Rusia de Yeltsin y Putín. Las "esplendorosas" democracias que florecen en Polonia, Hungría, Chequia, Yugoslavia, Rumania y otros países exsocialistas, están sumidos ahora en la más espantosa miseria.

Si supieran los indígenas chiapanecos las estupideces que se hablan en su nombre y bajo su responsabilidad, estamos seguros que expulsarían, como se merecen, a estos socialdemócratas y filósofos de la "liberación",  impostores y confiscadores de los anhelos revolucionarios de los explotados chiapanecos y mexicanos en general. Más temprano que tarde, se conocerá en profundidad el proceso de confiscación y adulteración ideológica y política sufrida por el EZLN y se podrá castigar como se merece la maniobra socialdemocrata.
         
          Desde el punto de vista revolucionario, el mérito del movimiento neo-zapatista puede resumirse en cinco puntos, como lo señala correctamente Meche Sierra Rojas: (16)
           
          Primero: Se acabó el mito de la paz social en México. Se había predicado hasta el cansancio que México era una democracia desarrollada y que estaba muy próxima a entrar en el "primer mundo", sobre todo con la firma del tratado NAFTA con los Estados Unidos y Canadá. Esas ilusiones se hicieron añicos con el levantamiento de Chiapas.
           
          Segundo: La lucha campesina por la tierra sigue vigente con todo vigor y fue la causa principal del levantamiento. Jamás se solucionó, ni mucho menos, el problema de la tierra en México y una prueba de ello es precisamente el alzamiento de Chiapas.
           
          Tercero: Se ha hecho evidente el potencial revolucionario de los indígenas y de las mujeres. Efectivamente, en toda América Latina se levantan los pueblos originarios y las luchas de las naciones oprimidas alcanzan un nivel tan grande de compresión que ponen en aprietos a todos los Estados Nacionales.
           
          Cuarto: Se ha probado que en México existe una situación revolucionaria generalizada y no es evidente que solamente existan problemas en "algunas" regiones de México. La mayor parte de los estados mexicanos son pobres y tienen poblaciones campesinas y nacionales sumidas en la miseria.
           
          Quinto: Finalmente, se ha hecho claro que el poder nace del fusil, como lo señalara el Presidente Mao. Todas y cada una de las grandes victorias de los pueblos de América Latina, están ligadas a grandes luchas armadas. Todas las derrotas están signadas por el democratismo burgués.

          MEXICO, en la hora presente aparece como un verdadero Estado Narcotraficante, pues la presidencia de actual mandatario Calderón no ha hecho otra cosa que convertir ese heroico país como la cuna de macabras mafias del narcotráfico internacional.

Ojala México siguiendo las tradiciones de sus grandes líderes pueda superar esta situación  y alinear a México en la gran unidad latinoamericana antiimperialista.

MEXICO, es un país cuyo pueblo es profundamente revolucionario, lo probó más de una vez a través de la lucha de sus héroes nacionales comenzando por Benito Juárez, el gran Emiliano Zapata, Pancho Villa, los combatientes de Tlatelolco y tantos y tantos mexicanos que sueñan con un México Socialista.


NOTAS  BIBLIOGRAFICAS
         
         
1.   Pierri, Ettore. «Vida, pasión y muerte de Emiliano Zapata». Editores mexicanos unidos. S. A. 1979.       México. Pág. 8.
2.   Womack, John.  "Zapata y la Revolución Mexicana". Editorial Instituto del Libro Cubano.  Ciencias     Sociales. Cuba. 1971. Pág. 13.
          3.     Ibidem. Pág. 13.
4.         Ibidem. Págs. 74 y 75.
          5     Díaz de Arce,  Omar y Armando Pérez Pino. "México: Revolución y Reforma. 1910-1940". Editorial     Ciencias Sociales. La Habana-Cuba. 1982. Págs. 31 y 32.
          6.      Ibidem. Pág. 38.
          7.      Ibidem. Pág. 40.
          8.      Ibidem. Pág. 43.
          9.      Ibidem. Pág. 80.
          10.    Ibidem. Pág. 80.
          11.    Ibidem. Págs. 307-308.
          12.    "Un Mundo que Ganar". No. 20/95. Pág. 32.
          13.    Ibidem. Págs. 33.
          14.    Semo, Enrique.  "El EZLN y la transición a la democracia". Internet. 
15.    Ibidem.
16.    UMQG. Citada.  Págs. 33 y siguientes.
           
          PCmlm-Bolivia
         
         
         
         

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