jueves, 21 de abril de 2011

Tesis Política de la Central Obrera Boliviana. La Paz, 6 de mayo de 1970

Para que no se olviden los "revolucionarios" que sólo luchan por su salario y sepan identificar al enemigo principal



Tesis Política de la Central Obrera Boliviana
La Paz, 6 de mayo de 1970

Considerando:
Que la Comisión de Asuntos Políticos ha presentado a consideración del Congreso la Tesis Política de la Central Obrera Boliviana

Resuelve:
Artículo Único. Aprobar la siguiente Tesis Política de la COB, que constituye un mandato obrero imperativo al que deberán sujetarse en su actividad los dirigentes de la COB, cualquiera  sea su condición, bajo pena de proceso por el ampliado de la organización.

Preámbulo
UNIDAD REVOLUCIONARIA CONTRA EL IMPERIALISMO PARA FORJAR UNA BOLIVIA SOCIALISTA

Los trabajadores proclamamos que nuestra misión histórica, en el presente momento, es aplastar al  imperialismo y a sus sirvientes nativos. Proclamamos que nuestra misión es la lucha por el socialismo. Proclamamos que el proletariado es el núcleo revolucionario por excelencia de los trabajadores bolivianos.
Asumimos el papel dirigente de la revolución como genuinos representantes de los intereses nacionales. La alianza  de  obreros  y  campesinos  con  la  gente  pobre  de  las  ciudades  y con  todas  las  fuerzas  antiimperialistas  es  la garantía de la victoria.

I.  LA  CLASE  OBRERA  Y  LOS  PROCESOS  DEMOCRÁTICOS
1.- La historia enseña que en la presente etapa en que se desintegra la dominación imperialista, los países atrasados alcanzarán la meta de la civilización, vale decir, del desarrollo integral y armónico, sólo por la vía socialista. Las tareas democráticas, que ciertamente no pueden ser ignoradas, para realizarse en forma plena precisan que el proletariado se convierta en dueño del  poder político, como portavoz de la nación oprimida, de nuestros hermanos campesinos y de la población pobre de las ciudades.
El proceso de tipo democrático-burgués que estamos viviendo no tiene posibilidades de mantenerse indefinidamente como tal. Se transforma en socialista mediante la toma del poder por la clase obrera o fracasa.

2. El nacionalismo burgués o pequeño-burgués busca consumar una serie de reformas estructurales, o sea, pretende superar las formas de producción pre-capitalistas con la finalidad primordial de modernizar el país, abrir campo a las  inversiones  foráneas  (al capital financiero) y mantener indefinidamente el régimen capitalista. El desarrollismo estilo CEPAL,  los programas de nacionalizaciones y  los  tímidos  intentos  de  planificar  algunos sectores de la economía no tienen más que ese sentido.
En los países atrasados como Bolivia, la burguesía se encamina a consumar la transformación democrático-burguesa con la ayuda piadosa del imperialismo. Este contrasentido se explica porque los movimientos de esa orientación entienden el antiimperialismo como una simple postura de mercaderes: lograr únicamente un trato  y precios para las materias primas mejores y no  como la destrucción de las cadenas económico-políticas del imperialismo, como ser la expulsión de los tentáculos empresariales y de las diversas misiones que controlan todos los aspectos de la vida nacional. Consideran el desarrollo del país como un progreso parcial en coordinación con los intereses de la metrópoli y no como el armónico desarrollo de toda la economía de modo independiente.

3. De una manera general, los gobiernos militares nacionalistas aparecen en el escenario debido a la inoperancia y el fracaso político de la burguesía, como carta sustitutiva para consumar la transformación capitalista indicada más arriba. Es claro que el ejército (y su izquierda, porque también existe este fenómeno) es producto de la clase dominante y de las peculiaridades nacionales y, por eso mismo, lleva indelebles los rasgos de las limitaciones y de la impotencia propias de las burguesías nacionales de la época actual.
Bolivia ha hecho, en muchos momentos de su accidentada historia, intentos serios por romper su atraso y dependencia. Capas de militares o civiles han realizado esfuerzos para suplantar la caducidad y la incapacidad de la burguesía. Uno de los aspectos particulares de nuestro atraso, entre otros, radica en la impotencia de nuestra burguesía nacional para sacarnos de dicho atraso y convertirnos en un país altamente industrializado, dentro de los moldes del régimen capitalista de producción. La dominación del imperialismo sobre las áreas atrasadas determina la imposibilidad del desarrollo de la caduca burguesía industrial, con la tipicidad de que “los civilizadores cierran el paso al progreso de los que quieran civilizarse.”

4. Las nacionalizaciones hechas por tales gobiernos, del mismo modo que su lenguaje al rojo vivo del primer período de oposición contra el imperialismo y la reacción concluyeron siempre siendo reemplazadas con el pedido de perdón por su pasado antiimperialista. Los representantes de la burguesía o de la pequeña-burguesía en el poder no pueden comprender que el desarrollo industrial integral, dentro de los marcos del régimen capitalista de producción y en la órbita del imperialismo, ya no es posible y que conduce a la traición de los intereses nacionales. Las lecciones de los gobiernos de Toro, Busch, Villarroel y la del régimen movimientista, confirman este enunciado. Es indudable que las referidas tareas, las tareas democráticas, concluyeron empantanadas e inconclusas, aunque fueron en sus inicios progresistas y muchas de ellas impulsadas e impuestas por los trabajadores.
Cuando la restauración oligárquico-imperialista consumó la entrega total de nuestras riquezas naturales y la enajenación de nuestra soberanía, masacrando y aplastando para ello a la clase obrera y al pueblo, los trabajadores derramamos nuestra sangre por defender las conquistas  democráticas y por hacer realidad la liberación  nacional. Esta fresca la lucha heroica que libraron los mineros contra la dictadura y la barbarie del régimen barrientista en aras de la defensa de los altos intereses nacionales. Y acaso fueron los únicos luchadores durante mucho tiempo.

5. Declaramos  los  trabajadores  que  en  su momento  apoyamos  a  dichos  gobiernos  ya señalados. Los  apoyamos  no  desde  el  punto de vista puramente lírico, sino con una activa militancia revolucionaria. Sin embargo, fueron estos gobiernos, a pesar de todo, los primeros en  abandonar  su  pose  antiimperialista  y  en concluir como enemigos de la clase obrera y del pueblo. El proceso democrático se estancó en sus albores y,  luego, caímos en un mayor predominio del imperialismo. Comprobamos, en carne propia, que los procesos democráticos y nacionalistas  que  no  son  dirigidos  por  el proletariado  y  transformados  en  un  proceso socialista, concluyen siempre en la frustración y la derrota.
Al  presente,  el  pueblo  observa  que  desde  la cumbre  del  poder  un  grupo  de  militares  y civiles, que se autodenominan “nacionalistas revolucionarios”, levantan las banderas demo-
cráticas. Lo hacen solamente por  la ausencia de  la  vanguardia  revolucionaria.  Son  las banderas que en el pasado fueron enarboladas y traicionadas por los partidos y hombres que
vienen de la misma clase social.

6. Este  nuevo  proceso  democrático  y nacionalista,  que  se  ha  traducido  en  la nacionalización  de  la  empresa  imperialista Gulf Oil, en el monopolio de exportación de minerales por el Banco Minero y en la apertura de relaciones con varios países socialistas, la vigencia  de  limitadas  libertades  sindicales  y otras medidas menores, nos recuerdan lo que hizo,  en otra  situación histórica,  el gobierno del MNR., con  la diferencia de que el actual gobierno  lo  hace  al margen  del  pueblo  y  el movimientismo lo hizo impuesto por las masas movilizadas y bajo la vigilancia de la entonces poderosa Central Obrera Boliviana y de la Federación de Mineros. No obstante, el MNR. concluyó como agente del imperialismo norteamericano. Las  limitaciones  congénitas de  la  burguesía  hacen  que  siempre  hayan capitulado ante el amo del país del Norte.

No  existe  ninguna  razón  valedera  para que  los  trabajadores  y  el  pueblo  se  hagan ilusiones  sobre  el  actual  gobierno.  Estamos seguros de que  el  curso democrático  abierto y  las medidas  progresistas  adoptadas  por  el gobierno, sólo podrán triunfar definitivamente a condición de que tal proceso pase a manos del proletariado.
Únicamente  por  este  camino  las  tareas nacionales serán transformadas en socialistas, permitiendo  a  Bolivia  convertirse  en  una comunidad  altamente  industrializada  en beneficio directo del pueblo.

7. Resulta un vano intento tratar de repetir la experiencia del pasado, creyendo que nuestro país  puede  industrializarse dentro  del marco del mundo  capitalista. El  desarrollo  integral de nuestra economía, que se  traduzca en una efectiva  liberación nacional y  social,  sólo  se materializará rompiendo con el imperialismo. La  única  forma  de  lograrlo  es  nacionalizar todos los medios de producción que están en manos del imperialismo y esto no podrá hacerlo más que el proletariado desde el poder.
Nuestra  posición  frente  a  los  procesos democráticos  dirigidos  por  la  pequeña burguesía,  no  es  otra  que  mantener  nuestra independencia de clase, desde el momento en que dichos procesos no resuelven el problema nacional  y  menos  las  contradicciones  de nuestra sociedad. La táctica de la clase obrera es  entroncarlos  con  la  estrategia  final  del socialismo. Nuestro objetivo es el socialismo y nuestro método para alcanzar dicha finalidad histórica es la revolución social que nos permitirá transformar el proceso nacionalista en socialista.

II.  SOCIALISMO Y CAPITALISMO DE ESTADO
1.- Para nosotros, los trabajadores, la lucha antiimperialista tiene un único contenido: la lucha por el socialismo. Están equivocados aquellos que se afanan por darle otro contenido. Diariamente  se  viene  especulando  que  el nacionalismo  es  ajeno  tanto  al  capitalismo clásico como al socialismo. Se insinúa que es una política neutra entre ambos extremos, que llega a su punto culminante bajo la forma de capitalismo  de  Estado. Algunos  teóricos  de esta tendencia sostienen que la América Latina puede  lograr  su  pleno  desarrollo  económico siguiendo  el  llamado  “modelo  nacional  del capitalismo  de  Estado”,  por  la  conciliación entre  el  capital  privado  (inversión  privada) con  la  economía  estatal. Ambas  formas  de   economía,  al  no  saslir  del  área  del  sistema capitalista,  concluyen  consolidando  nuestro atraso y dependencia.

2. Antes y, sobre todo, después de la Revolución  de Abril,  Bolivia  conoce,  entre otras, una  economía mixta de propiedad privada y propiedad estatal. Así,  junto a Comibol, se tiene la minería privada, al lado de los Bancos Central, Minero y Agrícola, la reacción interna e internacional controla la gran Banca ; al lado del monopolio fiscal de la exportación se tiene la libertad del comercio exterior por parte de la Grace y otras empresas imperialistas de la minería mediana;  la  industria  liviana está en manos  de  capitales  privados,  que,  a  veces, aparentemente tienen el sello de ser nativos.economía, al no salir del área del sistemaNo es suficiente decir que el capital privado es necesario a condición de que éste se acomode a  los  intereses  de  Bolivia,  al  margen  de  la simple ganancia. Un fenómeno semejante se presenta,  igualmente, en  la agricultura, entre la incipiente propiedad privada del minifundio y  las  formas  de  explotación  comunitaria y  cooperativista,  así  como  las  empresas capitalistas agro-ganaderas en el Oriente.
No  debemos  olvidar  que  Bolivia  es, fundamentalmente,  un  país  atrasado.  Y es  atrasado  porque  continúan  pendientes de  realización  ciertas  tareas  democrático-burguesas.  Por  tal  razón,  está  cerrada  toda posibilidad de desarrollo económico  integral dentro  de  las  formas  de  una  economía capitalista,  sea  ésta  privada  o  estatal,  o la  llamada  “concentración”  de  ambas, mientras no se  rompa definitivamente con el imperialismo.

3.  Nuestra  única  vía  de  desarrollo  es  el socialismo.  Requerimos  que  todas  nuestras riquezas  fundamentales  estén  en  manos del  Estado  y  que  el  Estado  esté  en  manos de  la  clase  obrera.  La  estatización  de  los medios  de  producción  debe  acompañarse con  la  planificación  de  la  economía. Ambos fundamentos  de  un  régimen  obrero  nos permitirán salir a breve plazo del estancami-ento, que es mayor cada día que pasa, como mayor  es  también  la  miseria  del  pueblo boliviano.
No  puede  hablarse  de  que  se  puede “planificar” la producción nacional en medio del  mar  de  contradicciones  que  es  nuestra economía.  La  planificación  económica  es posible  y  necesaria  cuando  las  riquezas  las controla el Estado dirigido por el proletariado, especialmente la banca y el comercio exterior. Las formulaciones acerca del “capitalismo de Estado” se van evaporando y convirtiendo en cosa del pasado, se las abandona oficialmente como una concesión a las crecientes presiones ejercitadas  por  la  derecha  criolla  y  el imperialismo.

4.  La  experiencia  de  1952-1964  nos  enseña que una revolución para ser victoriosa no debe detenerse,  sino  continuar  hasta  el  fin,  y  que el problema decisivo es  la cuestión de  saber qué clase controla el poder. No basta la acción insurgente  de  las  masas,  sino  definir  quién asume la dirección de esa insurgencia.
No basta  la participación heroica de  la clase obrera  en  los  acontecimientos  del  país,  sino la forma que asume esa participación y si ella actúa con su liderato y en pos de sus propios objetivos. Es preciso, en fin, que conquiste el rol hegemónico en el curso de la lucha, atrayendo hacia su lado a las masas campesinas y a los amplios sectores populares urbanos.
El  problema  que  le  plantea  al  proletariado boliviano es el de constituirse en una poderosa fuerza social y política independiente y actuar dentro de la apertura nacionalista y democrática para conquistar el poder. En este  sentido  los trabajadores  rechazamos  toda  posibilidad  de volver a  la experiencia negativa del  llamado ‘co-gobierno’, que  cerró  a  la  clase obrera  el camino hacia la conquista de todo el poder, y que al haberse convertido en  instrumento de control y freno de tos trabajadores en manos de la pequeña burguesía , terminó en el mayor de los desprestigios por la traición que significó al rol histórico del movimiento obrero.

III. LA OPRESION IMPERIALISTA
1.- El imperialismo es la fuerza regresiva y contrarrevolucionaria  que  se  opone  a  las aspiraciones de liberación económica y social de  los pueblos. La  estrategia  continental del imperialismo norteamericano es  impedir que surja otra Cuba revolucionaria. El imperialismo es  el  atizador  de  las  guerras,  y  en  su intervencionismo no sólo avasalla soberanías, como ha sucedido en la República Dominicana, sino que arma y financia permanentemente a los grupos reaccionarios de cada país. Emplea para  sus  fines  neocoloniales  y  contrarrevolucionarios a dictaduras militares sangrientas, de  la  misma  manera  que  hace  concesiones a  grupos  burgueses  o  pequeño  burgueses claudicantes. Combina  el  reformismo  con  la represión  antiobrera  y  antipopular. Teniendo una sola estrategia continental, afina su táctica en cada país, con la mayor flexibilidad.

2. A una década de la falsa política desarrollista, han  agravado  las  penurias  de  las  masas explotadas  de América  Latina,  de  la misma manera que ha aumentado la dependencia. Un capitalismo castrado, sin perspectiva propia y capacidad de auto-sostenimiento, es la figura del  desarrollo  alcanzado  por  nuestros  paises bajo el yugo del imperialismo yanqui.
Con la política integracionista y la formación de bloques regionales, el imperialismo busca crear un mercado común a su servicio y para su enriquecimiento. A esos planes se someten los grupos  burgueses  y  pequeño  burgueses conciliadores bajo el señuelo de ‘asociación e iniciativa privada’. Los aprestos nacionalistas de algunos grupos descontentos de las clases dominantes  o  de  la  misma  clase  media,  no logran  zafarse  del  esquema  neocolonial  y del  reformismo  pregonado  por  la  burguesía monopolista norteamericana.

3.  El  hecho  de  que  el  imperialismo  sea el  enemigo  común  de  nuestros  pueblos, la  circunstancia  de  tener  los  países  latinoamericanos  un  origen  histórico  común,  la tendencia  general  que  presenta  el  desarrollo parcial con sentido capitalista  independiente, etc., hace de la lucha revolucionaria continental un proceso con aspectos similares, pese a las diferencias particulares originadas en el nivel alcanzado por cada una de  nuestras repúblicas, además de que muestran como protagonistas principales del  cambio histórico  a  las masas laboriosas, en especial a la clase obrera.
Las  fuerzas  revolucionarias  de  América Latina,  al  atacar  al  imperialismo,  también se enfrentan a  los ‘apoyos’  internos de éste  , que no son otros que  las oligarquías burguesas. Por eso entre  la fase nacional  liberadora y  el  socialismo  no  existe  ninguna  muralla inseparable.  La  experiencia  cubana  es aleccionadora al respecto.

IV. LA  CONTRARREVOLUCION CONSPIRA COTIDIANAMENTE
1.- Si  bien  se  ha  abierto  un  proceso democrático  limitado  a  través  del  golpe del  26  de  septiembre  de  1969,  también  es evidente que  la contrarrevolución no ha sido aplastada ni mucho menos. Ella ha dejado el poder  en  forma  parcial  y  simbólica.  Sigue controlando  la  vida  económica  y  política del  país  y,  ante  las medidas  progresistas  del gobierno,  ha  respondido  cerrando  filas  para rechazar  lo  que  considera  el  “peligro  comunista”.  Para  los  contrarrevolucionarios toda medida de corte nacionalista, que es sinónimo de  medida  democrático-burguesa,  es  una alarmante medida “comunista”.

2. El actual proceso es contradictorio: mientras el gobierno toma, por un lado, algunas medidas antiimperialistas  y  progresistas,  por  el  otro adopta  medidas  proimperialistas  y  contrarias a los  intereses  nacionales  y  populares. El proletariado apoya todo lo que es positivo para  la  emancipación  de  nuestro  pueblo  y, al mismo  tiempo, critica y combate aquellas medidas contrarias a las masas, luchando por imponer nuevas medidas antiimperialistas que nos  conduzcan  a  una  verdadera  revolución en  el  camino  de  la  emancipación  nacional y  el  socialismo. Tal  es  la  táctica  de  nuestra actuación frente al presente proceso, sin olvidar los objetivos finales de la clase obrera.

3. ¿Dónde se encuentra la contrarrevolución? En  primer  lugar,  en  el mismo  gabinete y  en el ejército. Hay ministros que representan los intereses del imperialismo y la contrarrevolución  nativa.  En  el  gabinete,  unos  cuantos civiles, siendo ajenos a la militancia orgánica revolucionaria  y  al  movimiento  real  de  las masas,  adoptan  posiciones  progresistas,  que no constituyen ninguna garantía para aplastar a  la  contrarrevolución  que  conspira  a  su lado. La  suerte del gobierno depende  exclusivamente de lo que diga y haga el Alto Mando militar. Mañana él puede disponer un cambio de  orientación  del  gobierno  y  reemplazar  a tales o cuales ministros. La orientación del gobierno no la define el pueblo ni el proletariado, sino el poder militar. Alrededor de esta fuerza política castrense, la única determinante hasta hoy  en Bolivia,  están  los  otros  grupos  reaccionarios, que saben que su porvenir depende de presionar y seducir a la jerarquía militar.

4.  La  gran  prensa  mercantil  ha  comenzado su  campaña  comunista,  para  crear  el  clima sicológico  de  la  subversión  reaccionaria. El  tibio  decreto  para  que  los  sindicatos  de periodistas digan  también  lo que piensan no ha  acortado  el  camino  de  la  conspiración derechista en  la que está embarcada la rosca burguesa. Los industriales nativos, sin mayor peso  en  la  economía  nacional  y  que  viven de las migajas que les arroja el capital finan-ciero, han  logrado organizarse en defensa de sus  intereses  y  privilegios  de  clase.  Como nunca  lo  hicieron  antes,  han  realizado  un congreso nacional (citaron, tal es su debilidad, hasta  a  los  artesanos  empobrecidos)  con  la finalidad  de  exigirle  al  gobierno  que  defina su  orientación.  Pese  al  discurso  capitulador del Presidente,  los  industriales  se mantienen en el barco de  la contrarrevolución. Hay que identificar claramente al enemigo. La cabeza visible de la conspiración la constituyen la gran banca, los importadores y la minería mediana, controlados  por  el  capital  norteamericano, junto  con  la  embajada  yanqui,  la CIA.  y  la burocracia imperialista que controla el país.

5. Las  altas  burocracias  de Comíbol, YPFB, Corporación de Fomento, Empresa Nacional de  Ferrocarriles,  etc.,  viven  en  medio del  lujo,  el  nepotismo  y  la  explotación inhumana  de  losobreros  (caso  contrario de  las  minas  nacionalizadas)  y  sin  pivotes contrarrevolucionarios, ya que  la defensa de sus privilegios coincide con  la de sus cargos de  gerentes,  accionistas  privados  al  servicio del imperialismo. Por otra parte, la Comibol, YPFB,  continúan  hasta  el  presente  siendo puntales  de  la  contrarrevolución,  porque  el pensamiento  dominante  en  sus  direcciones burocráticas considera que el trabajador debe limitarse  a  producir  y  obedecer,  negándole el  derecho  de  pensar  y  de  hacer  militancia sindical y política, la que a su juicio constitu-ye un crimen que debe ser castigado.
La nacionalización de las minas se pagó con las vidas de cientos de mineros asesinados por la oligarquía feudal burguesa. Los trabajadores lucharon  porque  las  minas  nacionalizadas sirvan  a  los  sectores  productivos  y  se conviertan en el núcleo de nuestra liberación. Este  pensamiento  obrero  fue  marginado  de todos los gobiernos que pasaron por el poder desde  1952.  La  Comibol,  contrariamente, se ha convertido en el Banco privado de  los gobernantes de turno y en el refugio de los polí-ticos  oportunistas,  funcionando  como  nuevo super Estado minero. Y  como  se  trata  de  la columna  vertebral  de  la  economía  nacional, se ha transformado en el centro de la política contrarrevolucionaria.

6. Que la Comibol y YPFB. están al servicio de los intereses nacionales y populares no pasa de  ser  un  engaño  para  ilusos.  Por  ejemplo: desde la fecha de la nacionalización y hasta el día de hoy, la Comibol es de propiedad de los hombres que han venido ocupando el Palacio Quemado. Atribuir  la mala  administración y el fracaso de la producción a los trabajadores, que nunca manejaron la Comibol, es el juego más  artero  de  la  derecha  para  confundir  y engañar a la opinión pública.
Mientras se mantenga  la actual estructura de Comibol y de YPFB. continuarán  siendo  los cuarteles  generales  desde  donde  se  conspira contra  el  pueblo. Hay  que  considerar  que  el Gerente  de  una  empresa minera  o  petrolera ocupa un lugar muy importante en la economía nacional y, por  eso mismo,  sus  actos y pensamientos  tienen  fuertes  repercusiones políticas  dentro  de  la  vida  del  país.  Un miembro de la tecnocracia o burocracia puede provocar  los  mayores  conflictos  sociales  y políticos, enfrentar al Estado y los sindicatos y allanar, así, el camino para el retorno de la contrarrevolución. Por lo tanto, la lucha de los trabajadores por expulsar de la Comibol y de YPFB  a  la  rosca  burocrática  reaccionaria  es un elemental deber de autodefensa nacional.

V. UNIDAD OBRERA ANTIIMPERIALISTA
1. En el presente período, la clase obrera tiene que adquirir un alto grado organizativo y convertir sus direcciones nacionales, medias y de base, en centros de vanguardia revoluciona-ria, capacitadas para  llevar él actual proceso hacia el socialismo. La capacidad combativa del  movimiento  obrero  se  mide  por  su conciencia, por su unidad, por la capacidad y calidad de sus aliados y por su capacidad de dirección. Si los trabajadores no cuentan con un comando probado y forjado al calor de la lucha, sólo encontrarán derrota tras derrota.
Están equivocados aquellos que sostienen que las organizaciones sindicales deben limitarse a jugar el papel de sindicatos tradeunionistas, es decir, circunscritos a la lucha puramente económica. Sin abandonar la brega por el aumento del pan cotidiano, los trabajadores debemos intervenir en la vida política del país en nuestra condición de vanguardia revolucionaria.
No debe olvidarse que la tragedia boliviana no es otra cosa que la ausencia, en unos casos, y debilidad, en otros, de fuertes organizaciones obreras. El porvenir de Bolivia está en manos de sus heroicos trabajadores, porque somos los únicos que podemos sacarla definitivamente de su atraso y dependencia.

2. Para cumplir nuestra misión histórica,  los trabajadores contamos con formas propias de organización: el sindicato, la dirección política revolucionaria  y  el  frente  antiimperialista. Contamos  con  nuestras  propias  banderas de  lucha  ideológica  y  con  nuestros  propios métodos  de  combate  que  conducen  a  la conquista de nuestro propio gobierno, que por ser el gobierno de los obreros será el gobierno más auténticamente nacional de país.

3.  La  Central  Obrera  Boliviana,  a  la que  defenderemos  contra  toda  tentativa divisionista, tiene que perfilarse como una certera, agil y esclarecida dirección proletaria de todos  los  trabajadores,  donde  se materialice la  verdadera  alianza  con  nuestros  hermanos campesinos,  los  artesanos,  los  comerciantes minoristas, los intelectuales, los universitarios y  los  profesionales  dentro  de  la más  amplia democracia sindical. A su vez,  la Federación de  Mineros debe expresar la unidad y la conciencia de clase de los combativos trabajadores del subsuelo.
La  unidad  obrera  y la fortaleza  de  nuestras organizaciones son la única garantía para que el actual proceso no sea estrangulado dentro del marco  puramente  capitalista,  estancamiento que  es  sinónimo  del  retorno  al  poder  de  la contrarrevolución.

4. Para llegar al socialismo se plantea la necesidad de unir, previamente, a todas las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas. La revolución  popular  antiimperialista está ligada a la lucha por el socialismo, el frente popular antiimperialista es  la alianza obrero-campesina y de las masas de las ciudades en el  plano  político. En él confluyen todas las corrientes sociales y políticas que pugnan por un cambio a fondo de  la situación boliviana, con la sustitución de las estructuras caducas en sentido antiimperialista y popular. La expulsión del  imperialismo y la solución de las tareas nacionales y democráticas aún pendientes, harán posible la revolución socialista.
La clase obrera APOYA los aspectos antiimperialistas del nacionalismo, es decir, al nacionalismo del país oprimido que surge de las contradicciones de los sectores burgueses y pequeño burgueses frente al imperialismo. Pero, rechaza aquellos aspectos negativos que se expresan en el egoísmo nacional de estas clases, en la pretensión de erigirse en el explotador  único de la clase obrera. No estamos de acuerdo con el nacionalismo que se esgrime para alimentar la colaboración de clases opuestas y obligar al proletariado a renunciar a sus objetivos propios, de la misma manera que condenamos aquel nacionalismo que sirve para alimentar la desconfianza y el odio entre los pueblos.

5. Los métodos y formas de lucha  del proletariado deben acomodarse a los objetivos finales, no pudiendo existir contra-dicción entre fines y medios. La experiencia acumulada acerca  de  los  métodos crueles de represión  empleados por los  enemigos de clase, nos enseña  la  necesidad de estar preparados para el empleo de todas las formas de  lucha, incluyendo  el  uso de la violencia revolucionaria.
En cada situación histórica concreta definiremos si la preocupación fundamental radica en la educación y organización proletarias, en la movilización de las masas o en la preparación militar. La clase obrera aspira a la toma del poder y debe estar dispuesta a  usar aún de la fuerza si así lo requiere su posición dentro de la correlación de fuerzas de las clases.

6. La clase obrera rechaza la prédica de la conciliación de clases y de la “paz social”, por ser contraria a su aspiración de conquistar el poder. La lucha de clases en un país atrasado como el nuestro, no niega la posibilidad de la alianza entre clases no antagónicas, hecho que nada tiene que ver con la política  reformista del colaboracionismo.
La clase obrera, para transformarse en caudillo popular, levanta las reivindicaciones progresistas de los sectores mayoritarios y hace suyas las consignas nacionales que se refieren a enfrentar la acción sojuzgadora del imperialismo. La clase obrera ayudará a organizar a todas aquellas fuerzas sociales más postergadas y oprimidas del campo y las ciudades.
El  proletariado, tanto en el plano  sindical como en el político, ayudará a fortalecer  la organización y conducta  independiente  de los  demás  grupos  de  trabajadores y pugnará por  una política de unidad con los sectores avanzados de la intelectualidad, las masas estudiantiles y los sectores radicalizados de las capas  medias. Sostendrá la política de pactos, pero su empeño principal estará dirigido a lograr una poderosa Central Obrera Boliviana.

VI. INTERNACIONALISMO PROLETARIO
1.- Siendo la causa de todos los trabajadores del mundo una sola, estrecharemos los lazos de amistad y ayuda recíproca, bajo los estandartes del internacionalismo proletario. Desarrollaremos amplia solidaridad con los movimientos de liberación nacional y la causa de los oprimidos. Condenamos el racismo y todas las formas de opresión nacional y social, de la misma manera que apoyamos al heroico pueblo vietnamita en su lucha contra el imperialismo norteamericano.

2. La clase obrera del mundo tiene su máxima conquista en el sistema socialista, régimen bajo el cual viven alrededor de mil millones de seres  humanos. Este sistema socialista, formado por Estados donde los trabajadores se han convertido en la fuerza dominante, asume caracteres cada vez más decisivos para la marcha histórica de la humanidad.
El  contenido de nuestra época es  el  tránsito del capitalismo hacia el socialismo y la lógica de la propia lucha de clases en escala mundial hace que converjan en un mismo sentido antimperialista los tres movimientos revolucionarios más importantes de nuestro tiempo: el socialismo ya triunfante, en un tercio del planeta, la lucha de la clase obrera y la protesta de las juventudes en  los países imperialistas, y el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos.

3. Los trabajadores bolivianos llamamos a fortalecer la unidad de los trabajadores de América Latina para construir un mundo mejor. Llamamos a los  trabajadores de los países hermanos del continente a unirnos dentro de una política independiente del proletariado, contra el imperialismo y las oligarquías reaccionarias, como la máxima garantía que nos conduzca a la liberación nacional, que se traduzca en la Patria grande que soñaron Martí y Bolívar. Hoy como ayer nuestra divisa sigue siendo  ésta:

“¡LA  EMANCIPACION  DE LOS  TRABAJADORES  SERA  OBRA  DE ELLOS MISMOS!”

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