jueves, 26 de julio de 2018

LOS VÍNCULOS DE PÁGINA SIETE CON LA DICTADURA Y EL NEOLIBERALISMO


LOS VÍNCULOS DE PÁGINA SIETE CON LA DICTADURA Y EL NEOLIBERALISMO
Anselmo Esprella
Rebelión
“Pongo y saco presidentes, levanto y reviento empresas”, declaraba en los 90, el poderoso empresario de medios de comunicación, Raul Garáfulic Gutiérrez, padre de los propietarios del periódico Página Siete. Mientras encendía un habano, mostraba la parcialidad de los medios de comunicación, que algunos trabajadores de la prensa, se afanan en ocultar y disimular. A los periodistas, nadie los ha elegido, pero tienen más poder que una bancada de diputados. Son los nuevos Torquemada de la sociedad, alados e infalibles, van por la vida anunciando la nobleza e imparcialidad de la prensa libre. Mientras los mortales escribimos y hablamos desde nuestra subjetividad, desde nuestra parcialidad y devenir, los periodistas se instalan cómodamente más allá del bien y el mal, hablan en tono ceremonioso, por inspiración directa de Dios.
La verdad incorruptible, casta y pura, no existe; lo que existe es la interpretación de los hechos, decía Foucault: “No hay hechos, hay interpretaciones”. Los grandes medios de comunicación, no comunican hechos, sino la interpretación de los acontecimientos que realizan desde la procedencia de clase del propietario del medio. Los individuos, creen que piensan, sin embargo, “son pensados” por el poder verdadero: los grandes oligopolios de la comunicación. Las personas, son apenas una cajita de resonancia de un poder oculto y siniestro.
En los aprestos golpistas de agosto de 1971, hace su aparición en la escena política del país, un empresario, cuya huella política, continúa hasta nuestros días. Su nombre es Raul Garáfulic Gutiérrez, miembro acaudalado de un grupo de inmigrantes croatas. Junto a varios militantes del MNR y militares fascistas, don Raul, se suma a la conjura, para derrocar al General nacionalista, Juan José Tórrez. El jueves 19 de agosto, el coronel Banzer, líder de la conspiración, es detenido en Santa Cruz y trasladado a la ciudad de La Paz. Dos días después, Raúl Garáfulic, se hace pasar por el mayor Humberto Cayoja, involucrado en el golpe; “agarré el teléfono y dije, soy Cayoja, póngalo inmediatamente en libertad al coronel Banzer”. Lo soltaron, pero no solo por aquella llamada telefónica. Sin embargo, el coronel golpista, jamás olvidará aquel favor. Al triunfo del cuartelazo, Raúl Garáfulic Gutiérrez, es designado Gerente General de Canal 7 (Bolivia TV).
El 5 de noviembre de 1971, la dictadura emite un decreto que restituye la pena de muerte. La ordenanza dispone además, la detención sin tiempo y sin juicio, a quienes practiquen alguna actividad política. Una de las frases preferidas del dictador era: “Si ven a un comunista mátenlo, yo me hago cargo”.
Apenas llegó a Canal 7, don Raul, comprendió que la única verdad, es la que difunden los medios de comunicación. Durante siete años manipuló y ocultó las cárceles llenas de detenidos, la tortura, la muerte y la desaparición de cientos de opositores al régimen.
En 1979, acabada la dictadura, en un acto inaudito, ante el silencio cómplice de los medios de comunicación, la Corte Nacional Electoral, habilitó al dictador a participar en elecciones democráticas. Garáfulic, fue uno de los impulsores de aquella vergüenza nacional y participó alegremente en la campaña presidencial del monumental matarife. ADN, se llamaba aquel partido político, cuyo líder era, nada menos que el hombre que había gobernado a sangre y fuego, durante siete largos años: “Banzer Vuelve” decía su slogan.
Don Raul, sabe que parte con ventaja, por lo que inicia una veloz carrera en la apropiación de canales de televisión. En abril de 1984 creó el canal pirata, “Paceña de Televisión”, que se constituiría en el germen de lo que será, ATB Red Nacional. Desde sus medios de comunicación apoya abiertamente al “dictador elegido”.
Gracias a la alianza entre dos partidos (supuestamente) antagónicos, ADN y MIR, Jaime Paz Zamora (1989-1993), llega a la presidencia y don Raul, es designado Embajador de Bolivia en España. En Madrid, hará “fructíferos contactos” con el Grupo PRISA de España.
El magnate, controlaba los periódicos “Nuevo Día” de Santa Cruz; “Opinión” de Cochabamba; “La Razón”, “El Extra”, “Bolivian Times” y “La Gaceta Jurídica” de La Paz y el canal de televisión ATB.
El 21 de marzo de 1994, diputados y senadores de los partidos (MNR, MRTK-L, UCS y MBL), levantan los dos brazos para aprobar la Ley de Capitalización. Es la oportunidad que don Raul, ha estado esperando desde hace 20 años. Extiende la mano y rápidamente se adjudica cuatro empresas del Estado. Es su parte del botín, el premio a sus sacrificios:
Hilandería Santa Cruz.
Lloyd Aéreo Boliviano (LAB).
Empresa nacional de electricidad ENDE.
Administración de los Fondos de jubilación (AFPs).
Constituyen la recompensa, a la cínica justificación del desfalco y el pillaje neoliberal, difundida en los medios de la familia Garáfulic. La modalidad que implementaron los piratas del libre mercado, consistía en tres sencillos pasos: primero denunciaban que el Estado era un mal administrador, luego subastaban las empresas y por último (en las narices de los medios de comunicación): se compraban las empresas ellos mismos.
El viernes 21 de noviembre de 2003, don Raul decide que la semana ha terminado y se toma unos días para ir a pescar, pero la avioneta que lo trasladaba, cae a tierra y el empresario muere. Nadie vio su cuerpo herido, por lo que circula la versión de que no murió y que el accidente fue una artimaña para evadir la justicia.
Tres años después, cambiará la suerte de la familia Garáfulic. El pueblo hace trizas, 20 años de neoliberalismo y el nuevo gobierno, crea una comisión especial que investigará la privatización de 212 empresas del Estado, al 18 por ciento de su valor.
Por lo que los hijos del empresario desaparecido, rápidamente fundan un periódico al que denominan “página siete”, plagiando el nombre a un conocido diario argentino de tendencia de izquierda llamado, “página 12”. Desde allí se victimizan y atrincheran. Cuando el gobierno pretenda llevarlos ante la justicia por sus “fortunas mal habidas”, ellos denunciarán al mundo que en Bolivia hay una persecución a la prensa. Entre sus titulares tristemente célebres están:
“EXCOMULGAN A CUATRO MINISTROS”. La protesta de la iglesia católica por la infamia de Página Siete, provocó la destitución de su director, Raul Peñaranda.
“MUERE UN BEBÉ EN VIOLENTO OPERATIVO EN CHAPARINA”, decía el titular que pretendía incendiar la ciudad de La Paz. Ninguna persona falleció en Chaparina, solo murió otro poco, la credibilidad de la prensa nacional.
“DIPUTADA CHILENA DICE QUE DECLARACIONES DE EVO, SON UNA PROVOCACIÓN”, el periódico toma como referencia a Mónica Zalaquett, diputada del partido de ultra derecha UDI de Chile, esposa de Dieter Garáfulic, hijo menor del empresario de medios, que solía pasear por las calles de “la zona sur” en costosas vagonetas robadas de 100 mil dólares.
Nadie funda un medio de comunicación para hablar en contra de sus intereses, todo lo contrario. Los empresarios croatas de los oligopolios mediáticos, lo saben bien: en los 90 los Garáfulic, acapararon decenas de periódicos y canales de TV. La familia Kuljis, es una de las más ricas y poderosas del país y es propietaria de una de las redes de televisión más grandes de Bolivia. Es difícil explicar el origen de la fortuna del magnate, Ivo Kuljis, dueño de la Red Uno. En los años 50, su padre caminaba por las calles de Santa Cruz, arrastrando un pesado bolso de yute lleno de zapatos que vendía puerta por puerta. Hoy es uno de los empresarios más acaudalados.
Es ocioso decirlo, pero la técnica que utiliza Pagina Siete y los demás medios de comunicación de la oligarquía boliviana, es chabacana y vulgar: repetir la infamia 100 mil veces en la radio y la tv, hasta que usted se la crea. Ese es el poder de los medios, el poder de imponer “la verdad”, de colonizar las subjetividades de los sujetos hasta que estos dejan de ser sujetos y se convierten en autómatas que repiten lo que escuchan en la tele y votan, convencidos y felices, en contra de sus intereses.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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sábado, 21 de julio de 2018

NICARAGUA NICARAGÜITA…


22-07-18
NICARAGUA NICARAGÜITA…
Por Marcelo Colussi
La situación en Nicaragua está al rojo vivo. Mucho se ha escrito al respecto, y en la izquierda las aguas están divididas: ¿apoyar o no apoyar a Daniel Ortega? (1)
El presente texto quizá no aporte nada nuevo; en todo caso, presenta más preguntas que respuestas. Pero preguntas, en definitiva, que podrían funcionar para profundizar un debate imprescindiblemente urgente en el campo de la maltrecha izquierda: ¿tanto nos han golpeado, tanto se ha castigado al campo popular que la disyuntiva termina siendo apoyar o no a un presidente-empresario elegido en elecciones dentro de la legalidad capitalista? ¿Tanto hemos retrocedido que la disyuntiva se da entre si es “bueno” o “malo” un funcionario público que “hace cosas por su pueblo”? ¿Y los ideales socialistas revolucionarios que levantara la Revolución Sandinista hace 40 años? ¿Dónde queda aquello de poder popular, de gobierno obrero y campesino? ¿El socialismo se restringe a programas asistenciales?
Porque no hay que olvidar que el sandinismo histórico, no hay que olvidar que los valores revolucionarios que pusieran en marcha jóvenes luchadores en la década del 60 del pasado siglo cuando fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional, inspirados en muy buena medida en el marxismo (Carlos Fonseca era un consumado marxista), no se restringen a un presidente atornillado en el poder (y que coloca a dedo a su esposa como vicepresidenta). No hay que olvidar que el ideario socialista en nombre del que se llevó a cabo esa gloriosa gesta que fue la revolución del 19 de julio de 1979 no se reduce a apoyar a alguien “no tan bueno” pero “mejor que lo que podrá venir”.
Quizá vale recordar los ideales del Mayo Francés, tan lejanos ahora en el tiempo que parecen utopías tontas: “¡Seamos realistas: pidamos lo imposible!”, pero imprescindiblemente necesarios. ¿Abandonamos los principios revolucionarios que permitieron las primeras revoluciones socialistas de la historia para quedarnos con la democracia burguesa y programas asistenciales? ¿Tan bajo hemos caído?
Abel Bohoslavsky, histórico militante socialista argentino, leyendo uno de tantos materiales de análisis de la situación actual de Nicaragua, se pregunta (pregunta que hago mía):“Si Somoza era el hijo de puta de Roosevelt, ¿el "desastrado timonel" Ortega sería "nuestro" hijo de puta? Si ese desastrado timonel "hipotecó la tradición revolucionaria del sandinismo", tiene "desprecio por la opinión de la base sandinista" y además hizo un "pacto con los enemigos... siempre volátil y transitorio" -todo eso durante 18 años (pacto Ortega-Alemán)- ¿hay que ir a ayudarlo para que "enderece el rumbo?"”.
Apoyar los gobiernos progresistas que aparecieron estos últimos años en Latinoamérica abre preguntas en la izquierda: ninguno de ellos, desde la Revolución Bolivariana con Chávez al orteguismo (¡no sandinismo!) actual en Nicaragua, pasando por distintas variantes (el PT en Brasil, matrimonio Kirchner en Argentina, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, etc.) no cuestionó realmente las bases del capitalismo. (2) Fueron, o son, procesos redistributivos con más justicia social que los planteos neoliberales de capitalismo feroz. Pero no tocaron los resortes últimos de la propiedad privada. (3) ¿Es acaso el actual gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo un planteo revolucionario? Decir que mejoró un poco las condiciones generales de la población nicaragüense puede ser loable (puede ser, tampoco lo afirmaríamos categóricamente, porque ¿a qué costo las mejoró: llenando de maquilas el país con salarios bajísimos), pero eso no es el ideario de una revolución socialista. (4) ¿O sí?
Un planteo capitalista revestido de un discurso progresista y con pirotecnia verbal anti-imperialista no deja de ser capitalista, (5)con explotación de la mano de obra, con clases sociales enfrentadas. Eso no hay que olvidarlo: ¡los procesos socialistas no pueden entenderse si no es en la lógica de la lucha de clases!(6). ¿A quién representa Daniel Ortega: al campesinado pobre, a los trabajadores urbanos, a los subocupados del comercio informal, o a la nueva clase empresarial ex sandinista que se enriqueció con la tristemente famosa piñata cuando tuvo que dejar el poder en 1990? ¿Por qué los revolucionarios sandinistas que adversaron eso no siguieron en el FSLN?
Sin dudas en la convulsionada sociedad nicaragüense el imperialismo estadounidense está trabajando. Eso ni se discute. América Latina, lo sabemos, es la reserva estratégica de Washington, y nada de lo que aquí pase en términos políticos escapa a su control. Con absoluta seguridad hay agentes del imperio trabajando a toda máquina en Nicaragua. Pero eso solo no explica los acontecimientos actuales.
Como dice Abel Bohoslavsky: “En Nicaragua hay una insubordinación cívica elementalmente democrática (cese de la represión, cese del autoritarismo gubernamental, cese del nepotismo). Se trata de una rebelión democrática contra un régimen de origen democrático (aunque probadamente fraudulento en lo institucional) originado en el Pacto Ortega-Alemán y Ortega-Iglesia. Tiene un sentido histórico-político inverso a las guarimbas [dadas en Venezuela], aunque no sea ni pretenda ser revolucionario. Endilgarle ese calificativo es parte del fraude propagandístico orteguista”.
Si durante los 11 años de gobierno de Ortega-Murillo todo estuvo “tranquilo”, si el gobierno de Estados Unidos no disparó a matar como sí lo hizo con todos los experimentos progresistas de Latinoamérica, eso abre interrogantes. ¿Qué pasó ahora que se rompió el pacto del gobierno con los sectores empresariales, con la Iglesia católica, con Washington?(7)
No está claro. Podría pensarse que la construcción del canal interoceánico por parte de capitales chinos, o la estación de investigación electrónica rusa instalada en Managua, son un peligro para la geoestrategia de Washington. ¿Todo esto es la reacción a ese “atrevimiento” de Ortega? En el patio trasero de la gran potencia nadie puede osar instalar bases militares chinas y/o rusas. ¿Esta sería la causa?(8)
Quedarse con la idea que todo lo que se está viviendo en el país es solamente una nueva “revolución de colores” no alcanza. El orteguismo no es, precisamente, un gobierno revolucionario: es la expresión de esta nueva burocracia empresarial surgida de la lejana Revolución Sandinista, donde la figura de Daniel Ortega se consolidó como líder absoluto sacándose de encima cualquier atisbo de crítica. Y de principios revolucionarios, de socialismo, de transformación radical de la sociedad a manos de obreros y campesinos… ¡nada!
¿Hay que defender o no este proceso entonces? Difícil disyuntiva. Por supuesto que el imperio no tolera afrentas, e incluso gobiernos redistributivos de “capitalismo con rostro humano” son su enemigo. En ese sentido, si cae Ortega podrá venir un gobierno absolutamente neoliberal, suspendiendo la presencia chino-rusa en Nicaragua. Pero la situación actual en la patria de Sandino, ¿es una revolución? ¿Se trata entonces de defender lo “menos malo”? Un canal construido por los chinos, ¿es un avance para el campo popular?
La sublevación actual de la sociedad, quizá mezcla de activistas pagados por la CIA y reacción espontánea ante el nepotismo autoritario de un ex socialista (acusado de violador, por cierto), de momento está trayendo solo muertos, siempre pobres, siempre del campo popular. No hay organización alternativa, no hay proyecto superador. Los ideales revolucionarios están guardados por ahora, y los líderes históricos que se salieron (o fueron sacados) de la estructura sandinista, hoy día son marginales.
Es cierto que la propaganda de la derecha ya puso a Ortega como “villano de la película”, igual que en su momento Chávez, o Gadafi, o Sadam Husein. El guión ya está escrito. Sumarse a las voces de la derecha, a la prensa comercial, a los lacayos de Washington que vociferan contra la “barbarie” en marcha, es un error.(10). Defender un gobierno empresarial que pactó con el enemigo de clase, también.
¿Quién saldrá beneficiado de todo esto? El “pobrerío” seguramente no. No hay condiciones para una real y profunda sublevación popular como la de 1979. Entonces… ¿otra vez gana el imperio?
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A continuación, nuestra crítica al artículo anterior del señor Colussi.
1.        ¿Apoyar o no al señor Ortega? Colussi no sabe qué hacer, se queda en el limbo.

2.        No cuestionó las bases del capitalismo. Esta afirmación tiene todo el tinte trotskista. Si Ortega no proclama e implanta la dictadura del proletariado, la lucha de clases y la Guerra al imperialismo yanqui, es un traidor.

3.        Pero no tocaron los resortes últimos de la propiedad privada. ¿Qué significa tocar la propiedad privada en un proceso popular y democrático?, simplemente proclamar el comunismo y por consiguiente una inmediata invasion yanqui que ha invadido Nicaragua muchas veces con mínimos pretextos. Puro trotskismo. Si una rebelion popular no “toca los últimos resortes del capitalismo” e implanta el comunismo, es un traidor.

4.        Pero eso (las mejoras sociales) no son el ideario socialista. La situación de un gobierno progresista que comete errores y que tiene a un monstruo imperialista en sus narices, que implementa mejoras sociales, para Colussi no es socialista, tampoco comunista, por lo tanto es un traidor.

5.        La pirotecnia verbal anti-imperialista, no deja de ser capitalista. Señor Colussi, todos los países y Estados latinoamericanos, caribeños, africanos, y asiáticos, con excepción de la RPD de Korea, son capitalistas y luchan con el anti-imperialismo como bandera, para poner recién las bases del socialismo y es por esa razón que reciben la agresión brutal del imperialismo. Pedir otra cosa es puro y duro trotskismo pro-imperialista.

6.        La lucha de Clases, eso es socialismo. La lucha de clase es precisamente lo que ocurre en Nicaragua. Y en su forma más violenta y radical, es decir entre un programa anti-imperialista (con todos sus errores) y la derecha fascista apoyada, con todos los medios, por el imperialismo que, por algo, quiere la cabeza de Ortega.

7.        El pacto con los sectores empresariales, la Iglesia y el Imperialismo. Si es cierto que existía un pacto con esos sectores y ahora los rompió Ortega, entonces significa que cambió positivamente el rumbo de su política, ¿no es así? En un proceso popular, democrático y anti-imperialista es siempre necesario neutralizar a los enemigos que se pueda neutralizar, empero la posición anti-imperialista es irrenunciable y la Nicaragua de Ortega está probando, en los hechos, que sufre la agresión violenta y salvaje del imperialismo con las guarimbas del tipo venezolano.

8.        El canal bioceánico chino y las plantas rusas nucleares rusas, podrían ser la causa de la agresión. Por fin Colussi nos muestra un argumento pertinente. Efectivamente para el imperialismo semejantes “desafíos” son intolerables y por ello tratará de derrocar y asesinar a Ortega, entonces “todos” quedaremos satisfechos.

9.   Sumarse a las voces de la derecha, a la prensa comercial, a los lacayos de Washington que vociferan contra la “barbarie” en marcha, es un error. Por fin, señor Colussi, llegó usted a la verdad..

PCmlm.